SOCIEDAD

Cada español consume casi 90 kilos menos de alimentos que en 2016 y gasta unos 260 euros más

Un dosier de la Red PAC detecta más platos preparados, menos pescado fresco y aceite, y un consumidor que equilibra precio, salud y proximidad.

Primer plano de tomates de dos colores

Primer plano de tomates de dos colores Pexels

Publicidad

La forma en que se come refleja también cómo cambia la sociedad. Hogares más pequeños, nuevos ritmos laborales, menos tiempo para cocinar, una población más envejecida y diversa, la presión de los precios, la digitalización y una mayor sensibilidad hacia la salud y la sostenibilidad están transformando qué alimentos se compran, dónde se adquieren y cómo llegan al plato. España come hoy menos cantidad que hace unos años, gasta más en alimentación y desperdicia menos, mientras la conveniencia gana terreno y algunos alimentos estrechamente ligados a la dieta mediterránea pierden presencia en los hogares.

Una transformación de la cesta y de la cocina

Esa es la base del nuevo dosier de la Red PAC 'Nuevas tendencias en los hábitos de consumo y Dieta Mediterránea: iniciativas y estrategias', publicado el 2 de octubre de 2026 y editado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). El documento analiza los cambios recientes en el consumo alimentario y sus efectos sobre la dieta mediterránea, y amplía la mirada al conjunto de la cadena, desde agricultores y ganaderos hasta industria, distribución, comercio y consumidores. Combina estadísticas, bibliografía especializada y el conocimiento de las entidades colaboradoras con iniciativas y propuestas para comer bien y de forma sostenible en unas condiciones de vida que han cambiado profundamente.

España come menos, gasta más y desperdicia menos

Tres cifras resumen buena parte del cambio. Entre 2016 y 2024, el consumo alimentario per cápita en España pasó de 661 a 572 kilos al año, una reducción de casi 90 kilos, el 13 %. En el mismo periodo, el gasto aumentó de 1.528 a 1.787 euros por persona, unos 260 euros más, un 17 %. A esa aparente contradicción se suma una tendencia positiva: el desperdicio alimentario en los hogares cayó de 1.304 millones de kilos en 2016 a 1.097 millones en 2024, casi 207 millones menos, un 15,8 %. El dosier lo relaciona con una mayor percepción del valor de los alimentos, una mejor planificación de las compras, el aprovechamiento de las raciones y una creciente conciencia social sobre el desperdicio.

La inflación explica parte de esta ecuación, pero no toda. Como señala la publicación, el consumo está cambiando porque el consumidor está cambiando: hay más hogares y son más pequeños, hay menos niños y crece el peso de las personas mayores. Los hogares formados por jubilados representan ya el 26,9 % del volumen total de alimentos consumidos, lo que influye en el tamaño de los formatos, las cantidades compradas y la preferencia por productos fáciles de almacenar y preparar. El resultado es una cesta condicionada no solo por lo que cuesta un alimento, sino también por el tiempo que requiere prepararlo, lo que se puede aprovechar y su encaje en la vida cotidiana.

De los guisos a la freidora de aire

La cocina española también se transforma, con un paso del guiso prolongado a la plancha, las ensaladas, los alimentos listos para consumir y la freidora de aire. Los platos preparados han aumentado su consumo un 45,24 % desde 2013. Solo en 2024 crecieron otro 5,1 % en volumen y alcanzaron los 806 millones de kilos y los 4.424 millones de euros en los hogares españoles.

Esta búsqueda de conveniencia no implica, sin embargo, que desaparezca la cocina tradicional. Entre los diez platos con mayor presencia en los hogares en 2024 aparecen las lentejas, la tortilla de patata, la sopa de pasta o la merluza, junto con preparaciones sencillas como la ensalada verde, la ensalada de tomate o la pechuga de pollo, y opciones como la pizza. Más que una ruptura, el dosier identifica una adaptación a nuevas condiciones materiales y sociales, a la que la producción, la industria y la distribución ya responden con pescado limpio y fileteado, nuevos cortes de carne, legumbres cocidas, productos vegetales de IV gama o ingredientes que reducen los tiempos de preparación. El reto, concluye, no es elegir entre tradición y modernidad, sino lograr que la comodidad sea compatible con una alimentación equilibrada.

La dieta mediterránea ante el reto de adaptarse

La dieta mediterránea, reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, integra alimentos, formas de cocinar, temporalidad, territorio y elementos culturales y sociales alrededor de la comida. Sin embargo, algunos de sus componentes muestran una evolución descendente en los hogares españoles. Entre 2006 y 2023, el consumo doméstico de las distintas categorías de aceite de oliva disminuyó un 29,06 %, al pasar de 402,6 a 285,62 millones de litros, y el de pescado fresco, un 35,49 %, desde 571,45 hasta 368,66 millones de kilos.

El dosier evita las explicaciones simples. En el pescado, parte del cambio se relaciona con la preferencia por filetes limpios, conservas, elaborados y formatos que facilitan su preparación. En el aceite intervienen los precios, las técnicas culinarias que requieren menos grasa añadida y la menor presencia de guisos, frituras y sofritos en la cocina doméstica. También existe distancia entre las recomendaciones y el consumo real: el documento recoge una estimación de unas cuatro raciones semanales de verduras y hortalizas frente a las 21 recomendadas, además de un consumo de frutas y legumbres inferior a las recomendaciones de referencia.

La conclusión del dosier es que el desafío no consiste en reproducir el modelo de vida que hacía posible la cocina de generaciones anteriores, sino en adaptar los valores nutricionales y culturales de la dieta mediterránea a las condiciones actuales. Porque mantener viva una dieta, apunta, no significa conservarla inmóvil.

Precio, salud, sostenibilidad y proximidad

El dosier dibuja un consumidor que busca a la vez precio, comodidad, proximidad, salud, sostenibilidad y confianza, aunque la importancia de cada elemento varía según la situación. El 35 % sitúa el precio como el factor más importante, pero aproximadamente la mitad tiene en cuenta la sostenibilidad en sus compras y el 59 % prioriza productos locales en su compra semanal.

Estas cifras no describen necesariamente a un consumidor contradictorio, sino contextual: una misma persona puede buscar precio en unos productos, pagar más por otro al que atribuye calidad, recurrir al supermercado por comodidad, comprar frescos en el comercio de proximidad y hacer la compra por internet cuando necesita ahorrar tiempo. Esto obliga al sector a competir en más variables, ya que aspectos como la presentación, el tamaño, la conveniencia, la información sobre el origen, la trazabilidad, la sostenibilidad o la facilidad para cocinar ganan peso.

Líder en producción ecológica, con margen para el consumo interno

España dispone de alrededor de 2,95 millones de hectáreas dedicadas a la producción ecológica y es el país de la Unión Europea con mayor superficie bajo este sistema. La producción ecológica alcanzó en 2024 un valor aproximado de 4.796 millones de euros. Sin embargo, el gasto doméstico en estos productos fue de 2.890 millones de euros y representó el 3,25 % del gasto alimentario de los hogares.

El precio continúa actuando como barrera para una parte de los consumidores: en 2024, el precio medio de los alimentos ecológicos fue alrededor de un 28 % superior al del conjunto de la alimentación. La oportunidad para el sector, según el dosier, reside no solo en producir más, sino en ampliar el mercado interno y hacer compatibles la sostenibilidad productiva y la accesibilidad económica.

El medio rural mantiene patrones propios

El análisis detecta también diferencias entre municipios rurales y entornos urbanos. En localidades de menos de 2.000 habitantes se consume un 9,4 % más de hortalizas frescas y de temporada respecto a la media nacional considerada en el estudio de referencia, y las conclusiones apuntan a una mayor presencia en la España rural de producto fresco, cocina desde cero y determinados patrones tradicionales. Producto local, comercio de proximidad, mercados, cooperativas y cadenas cortas pueden contribuir, además de vender, a reforzar el vínculo entre agricultura y ganadería, alimentación, paisaje, economía local y cultura gastronómica.

Una publicación para anticipar el consumo del futuro

El dosier tiene como objetivo analizar los cambios de los últimos años en el consumo alimentario, estudiar cómo afectan a la dieta mediterránea y divulgar iniciativas que favorezcan decisiones de consumo saludables y sostenibles económica y socialmente. La publicación se conecta con la Estrategia Nacional de Alimentación (ENA) y, en concreto, con sus líneas destinadas a impulsar las dietas mediterránea y atlántica y a sensibilizar sobre el valor de la alimentación, y reúne experiencias de entidades públicas y privadas.

La alimentación española está cambiando, concluye el documento, y el reto no consiste en detener esa transformación, sino en conseguir que salud, dieta mediterránea, sostenibilidad, proximidad y territorio encuentren también su lugar en el plato del futuro.

Hablando en Plata » Salud

Publicidad