SALUD
Entrenar la piel: constancia, fotoprotección y una rutina que cambie con la edad, según un dermatólogo
El dermatólogo Miguel Sánchez Viera recuerda que la genética, la edad y el exposoma marcan el envejecimiento cutáneo y defiende cuidados constantes, sin acumular productos.

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El director del Instituto de Dermatología Integral (IDEI), el doctor Miguel Sánchez Viera, recuerda que la edad, la genética y el exposoma, es decir, el conjunto de factores ambientales a los que se expone la piel a lo largo de la vida, determinan cómo envejece y qué cuidados necesita. Aunque hay cambios asociados a la edad que no pueden modificarse, subraya que existen factores sobre los que sí es posible actuar.
Según explica, entrenar la piel consiste en cuidarla de forma constante, no en intentar corregir en poco tiempo el daño acumulado durante años. Por ello, apuesta por adoptar hábitos adecuados desde una edad temprana y ajustarlos a las necesidades y al entorno de cada persona.
Tres pilares para una rutina básica
Una rutina adecuada comienza, según el especialista, con tres pilares: una limpieza suave, una hidratación adaptada y una fotoprotección de amplio espectro con SPF 50. A partir de esa base pueden incorporarse de forma progresiva activos destinados a necesidades concretas, siempre según la tolerancia individual.
En la práctica, conviene utilizar limpiadores que respeten la barrera y el microbioma cutáneos, hidratar la piel con regularidad y reforzar la fotoprotección con sombra, ropa y sombrero cuando sea necesario. Una alimentación variada, un descanso adecuado y evitar el tabaco completan este enfoque global.
Retinoides: evidencia y precauciones
Los retinoides se encuentran entre los tratamientos tópicos con mayor evidencia para mejorar determinados signos del fotoenvejecimiento, como las líneas finas, la textura y las alteraciones de la pigmentación. Deben incorporarse de forma progresiva, ajustarse a la tolerancia individual y no introducirse al mismo tiempo que varios productos nuevos.
Sánchez Viera advierte de que no se necesitan diez productos, sino saber qué se utiliza, para qué y con qué frecuencia. La irritación, la descamación persistente o la sensación de quemazón son señales de sobreactuación sobre la piel, y en esos casos considera fundamental consultar con el dermatólogo.
La rutina debe cambiar con la piel
La piel no tiene las mismas necesidades a los 30 que a los 50 o a los 60 años. Con la edad cambian la renovación epidérmica, la hidratación, el colágeno y la elasticidad, aunque la evolución de cada piel está también condicionada por la genética y el entorno. Por eso, dos pieles de la misma edad pueden necesitar rutinas diferentes.
El especialista pone como ejemplo que una piel de 50 años con buena genética, escaso daño ambiental y una nutrición saludable no requerirá necesariamente los mismos cuidados que otra sometida a una exposición solar intensa y continuada, con fototipo claro, pecas y cabello pelirrojo.
En las mujeres, el descenso de estrógenos asociado a la menopausia puede favorecer una mayor sequedad y cambios en el grosor y la firmeza de la piel. Por este motivo, la rutina debe ajustarse a la edad, la genética, el exposoma, el estado cutáneo y la tolerancia individual, y revisarse a medida que cambien las necesidades.
Tratamientos dermatológicos, tras una valoración profesional
Con el paso del tiempo, y siempre tras una valoración profesional, pueden incorporarse tratamientos dermatológicos de distinta intensidad. Entre ellos se encuentran las microinfiltraciones de ácido hialurónico con efecto booster y diversas terapias láser, que estimulan el colágeno y ayudan a regenerar la superficie cutánea. La elección, apunta el doctor, debe responder a las características y necesidades de cada piel.
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Sánchez Viera concluye que cumplir años implica que la piel cambie, y que el objetivo es reducir el daño evitable, respetar la función barrera y tratar aquello que realmente lo necesite. No se puede detener el paso del tiempo, afirma, pero sí cuidar mejor la piel durante ese recorrido.
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