SALUD
El 83,5 % de los profesionales dice sufrir fatiga digital: qué es y cómo combatirla
Psicólogos explican qué es el agotamiento por el uso intensivo de pantallas y recomiendan desconectar, limitar notificaciones y cambiar el entorno

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Pasarse horas frente a las pantallas no es cosa solo de famosos, sino un hábito bastante extendido entre la población en general, hasta el punto de que ya existe un término para el malestar que puede causar: la fatiga digital.
Qué es la fatiga digital
La psicóloga Alicia González la describe como el agotamiento mental, emocional y, a veces, físico que aparece por un uso excesivo o continuado de dispositivos y pantallas: notificaciones constantes, sobrecarga de información, comparación social y sensación de no poder desconectar. Aunque no es una categoría clínica oficial, precisa, sí es un fenómeno muy descrito en la investigación sobre bienestar digital. Entre sus síntomas cita la irritabilidad, la dificultad de concentración, el cansancio al despertar o la sensación de estar siempre de guardia.
Joaquín Mateu, profesor del grado en Psicología de la Universidad Internacional de Valencia, explica que afecta a cualquier persona que tenga que hacer un uso extensivo de tecnologías de la información y la comunicación, sobre todo durante mucho tiempo o cuando estas entrañan una gran complejidad. Y es habitual, añade, entre los trabajadores de organizaciones que implantan esas tecnologías de manera muy abrupta, sin procesos de transición bien acompañados.
Siete de cada diez profesionales, al menos en momentos de alta carga
El Estudio sobre Bienestar y Salud Laboral en España 2026, elaborado por Edenred, recoge que el 83,5 % de los profesionales afirma sufrir agotamiento mental o fatiga digital derivada del uso intensivo de pantallas durante su jornada laboral. En concreto, un 10,9 % dice sufrirla a diario y un 35,5 % con frecuencia, mientras que otro 37,1 % la padece en momentos de alta intensidad laboral.
Manuel Asla, director de marketing, comunicación y producto de Edenred España, reconoce que las cifras les sorprendieron al revisar las respuestas de las 1.550 personas encuestadas, ya que esta es la tercera edición del estudio y el año pasado no fue algo que destacara especialmente. Mateu señala que, hasta que no se le pone nombre a lo que se siente, muchas veces pasa inadvertido: la fatiga digital lleva mucho tiempo con nosotros, pero solo recientemente ha empezado a recibir atención, incluso de la comunidad científica, y el volumen de literatura sobre el asunto crece. Al ponerse sobre la mesa, más personas pueden identificar ese agotamiento al final del día, el dolor de cabeza o la irritabilidad.
Dependientes de la tecnología
Fernando Pena, psicólogo y profesor de la Universidad Europea de Valencia que ha colaborado en el II Estudio de bienestar digital de ING, afirma con rotundidad que la fatiga digital afecta de manera contundente al bienestar de una persona. A su juicio, los resultados evidencian que no se sabe cuidar los hábitos y que se es muy dependiente de la tecnología, hasta el punto de que en muchos casos se llega a la adicción.
Según el informe, solo el 9,3 % de los encuestados alcanza un nivel sólido de bienestar digital. Pena cree que los españoles son conscientes 'a medias' de los efectos del abuso de las pantallas: el 85 % dice creer tener equilibrio o control en su relación con la tecnología, pero la mitad saca el móvil casi sin pensarlo en una cola, por ejemplo, en el supermercado; una buena parte lo desbloquea centenares de veces al día por puro hábito, y más de seis de cada diez entran un momento en redes y pierden más de media hora cada vez.
Mateu recuerda, en defensa de quienes pasan muchas horas con el móvil casi sin darse cuenta, que las aplicaciones de mensajería instantánea y las redes sociales están diseñadas para aumentar la probabilidad de que las personas permanezcan conectadas la mayor parte del tiempo. González coincide: los dispositivos están pensados para captar la atención y el impulso de revisar el móvil se activa de forma automática. Además, para muchas personas el teléfono cumple una función de alivio inmediato ante el aburrimiento, la ansiedad o una simple pausa, por lo que la fuerza de voluntad sola no suele bastar y hace falta cambiar el entorno.
Cómo combatirla en el trabajo
Mateu defiende que tanto las organizaciones como las personas deben adecuarse a una serie de principios que minimicen la probabilidad de experimentar fatiga digital. En el caso de las empresas, los expertos coinciden en la importancia de garantizar el derecho a la desconexión digital: nada de correos ni mensajes fuera del horario de trabajo y con los mandos dando ejemplo, asevera Pena. Mateu propone no usar la tecnología que no sea necesaria y evitar las actualizaciones constantes, y Asla llama a saber priorizar, porque no todo puede ser urgente.
Pena recomienda acordar normas de comunicación, es decir, qué canal se usa para lo urgente y cuál no, y definir qué tiempos de respuesta son razonables, porque no se puede exigir a nadie que responda siempre en menos de 15 minutos.
Cómo combatirla fuera del trabajo
Fuera del puesto de trabajo, debe ser cada persona quien tome conciencia del malestar que puede causarle la fatiga digital y trate de ponerle remedio. González aboga por establecer momentos sin pantallas, como la primera hora del día, durante la comida y la hora previa a acostarse, y por sacar el dispositivo del dormitorio y no dejarlo cargando en la mesilla de noche. También sugiere que, cuando se sienta el impulso de coger el móvil, se haga antes otra acción, como beber agua, respirar o mirar por la ventana.
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Pena propone evitar el automatismo de sacar el teléfono en los tiempos muertos: probar a esperar en la cola sin móvil y aceptar que el aburrimiento tampoco es tan terrible. Ambos profesionales tienen claro que las notificaciones son un enemigo a batir. Pena pide domesticarlas, es decir, quitar todas las que se puedan, mientras que González considera que hay que reducir las no esenciales. Coinciden también en que hay que dar ejemplo en casa a los más pequeños y en que conviene pararse a pensar qué aplicaciones hacen sentir bien y cuáles dejan agotado. Pena resume: lo que importa más que el tiempo de pantalla es fijarse en cómo uno se siente después.
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