SALUD CARDIOVASCULAR
Día Mundial del Corazón: así funciona y estos son sus principales enemigos
Con motivo del Día Mundial del Corazón, este 29 de septiembre, la Fundación Española del Corazón explica cómo es este órgano y cuáles son algunos de los principales problemas que puede sufrir.

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Aunque su importancia sea enorme, el corazón tiene un tamaño relativamente pequeño, aproximadamente el de un puño. Su peso se sitúa entre 250 y 350 gramos, aunque puede variar en función del peso corporal, el sexo y la edad.
Entre 60 y 100 latidos cada minuto
En reposo, la frecuencia cardíaca normal se sitúa entre 60 y 100 latidos por minuto, aunque lo habitual es encontrarse entre 60 y 80. La frecuencia no permanece siempre igual, ya que el corazón dispone de un sistema de adaptación que permite ajustar el gasto cardíaco a las necesidades del organismo. Durante el ejercicio, por ejemplo, el corazón acelera su ritmo porque los músculos necesitan recibir más sangre y nutrientes. El nodo sinusal puede alcanzar hasta 200 latidos por minuto durante la actividad física. La teoría establece que la frecuencia cardíaca máxima se calcula restando la edad de la persona a 220, de manera que una persona de 20 años podría alcanzar los 200 latidos por minuto. El cuidado del corazón está estrechamente relacionado con la salud del sistema cardiovascular en general.
En este sentido, la dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y aceite de oliva, es la opción que favorece una buena alimentación cardiovascular. En el lado contrario se encuentran los alimentos ultraprocesados, especialmente por su contenido en grasas saturadas, que pueden ir depositándose sobre las arterias. Además, el peso tiene importancia tanto para el colesterol como para el estado de las propias arterias. Los hábitos cotidianos también desempeñan un papel importante. Hacer ejercicio, evitar el sedentarismo y descansar bien son algunas de las pautas que ayudan al correcto funcionamiento del corazón. El sueño tiene además un papel relevante. La falta de descanso puede provocar un aumento de la incidencia de eventos cardiovasculares. Mientras dormimos tienen lugar numerosos procesos de regeneración celular y la frecuencia cardíaca alcanza su nivel más bajo del día, lo que contribuye también a la regeneración de diferentes procesos metabólicos del corazón y del organismo.
Infarto, angina, arritmias e insuficiencia cardíaca
Entre los principales problemas que puede sufrir el corazón se encuentran las cardiopatías isquémicas, el infarto y la angina de pecho, además de la insuficiencia cardíaca, las arritmias y la muerte súbita. Las arritmias son alteraciones del ritmo cardíaco que pueden aparecer por diferentes motivos: porque el impulso eléctrico no se genera correctamente, porque se origina en un lugar erróneo o porque existe una alteración en las vías por las que se conduce la electricidad. Otro de los términos habituales cuando se habla del corazón es el soplo. Se trata de un ruido anormal que se produce cuando la sangre hace más ruido de lo habitual al pasar por las válvulas cardíacas. Algunos aparecen porque las válvulas no se abren correctamente, los denominados soplos de estenosis, mientras que otros se producen cuando las válvulas no consiguen cerrarse de forma adecuada, dando lugar a soplos de insuficiencia.
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Tanto la angina de pecho como el infarto se producen cuando el corazón no recibe la sangre que necesita, pero existe una diferencia fundamental entre ambos procesos. En la angina, el déficit de irrigación es transitorio y el dolor está limitado en el tiempo. En el infarto, en cambio, la falta de flujo sanguíneo se mantiene durante más tiempo y provoca que una zona del corazón muera. Por eso, el infarto supone la existencia de una zona de tejido cardíaco muerto como consecuencia de una alteración prolongada de la irrigación. Como ocurre con otros tejidos y músculos del organismo, el corazón también experimenta cambios con el paso de los años. Con la edad pierde elasticidad y se vuelve más rígido, aparece fibrosis y se produce una pérdida de masa muscular y de células musculares. A este proceso se suma la aterosclerosis de las arterias coronarias. La grasa se va depositando en ellas y aumenta su grosor, lo que termina limitando el flujo de sangre.
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