SALUD HORMONAL

Diferencias entre tomar la terapia hormonal vía oral o a través de la piel para la menopausia

La terapia hormonal oral se asocia con un mayor riesgo de tromboembolia venosa, según un estudio realizado por el Steno Diabetes Center de Copenhague y el Hospital Universitario del Norte de Zelanda, en Dinamarca.

Diferencias entre tomar la terapia hormonal vía oral o a través de la piel para la menopausia

Diferencias entre tomar la terapia hormonal vía oral o a través de la piel para la menopausia Pexels

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La investigación también apunta a que el riesgo de accidente cerebrovascular isquémico e infarto de miocardio se concentra en las mujeres que utilizan dosis altas de terapia hormonal oral durante periodos prolongados. Por el contrario, la terapia hormonal administrada a través de la piel mediante parches, geles o aerosoles no mostró un aumento general del riesgo de coágulos sanguíneos.

La terapia hormonal oral aumenta el riesgo de coágulos

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores analizaron los datos del registro sanitario danés correspondientes a mujeres de entre 50 y 69 años que residían en Dinamarca entre 2003 y 2021 y que habían sufrido un primer episodio de tromboembolia venosa, un accidente cerebrovascular isquémico o un infarto de miocardio. En total, se identificaron 9.807 mujeres con tromboembolia venosa, 18.460 con accidente cerebrovascular isquémico y 11.974 con infarto de miocardio. Estos grupos fueron comparados, según su año de nacimiento, con 49.035, 92.300 y 59.870 mujeres sin enfermedad trombótica, respectivamente. Los investigadores recurrieron además a los registros de prescripciones para analizar la posible relación entre la terapia hormonal y estas enfermedades, teniendo en cuenta la vía de administración, la dosis, la duración del tratamiento y la edad a la que se inició. Las participantes no tenían antecedentes de coágulos sanguíneos, cáncer, enfermedad hepática, endometriosis, síndrome de ovario poliquístico, tratamientos de fertilidad ni cirugía para extirpar los ovarios. Asimismo, se tuvieron en cuenta factores como los ingresos, el nivel educativo, el uso de medicamentos y otras enfermedades previas.

Entre las mujeres que no habían recibido terapia hormonal, las tasas de tromboembolia venosa, accidente cerebrovascular isquémico e infarto de miocardio fueron de 15,8, 20,3 y 13,0 casos por cada 10.000 personas-año, respectivamente. La terapia con estrógenos orales, tanto sola como combinada con progestina, se relacionó con un aumento absoluto de las tasas de tromboembolia venosa del 0,09% anual, de accidente cerebrovascular isquémico del 0,06% y de infarto de miocardio del 0,03%. Según estos datos, esto supone un caso adicional de tromboembolia venosa por cada 1.055 mujeres que reciben terapia hormonal oral durante un año. En el caso del accidente cerebrovascular, se produciría un caso adicional por cada 1.642 mujeres y, para el infarto de miocardio, uno por cada 3.846. El riesgo de tromboembolia venosa se mantuvo asociado de forma sistemática con el uso de terapia hormonal oral, mientras que el incremento del riesgo de accidente cerebrovascular e infarto de miocardio se limitó a las mujeres que tomaban estradiol oral en dosis altas, superiores a 1 miligramo al día, durante más de un año. Además, el riesgo de accidente cerebrovascular e infarto aumentó conforme se prolongaba el tratamiento.

La vía transdérmica no mostró un aumento general del riesgo

Frente a la terapia oral, la terapia hormonal transdérmica no mostró un aumento general del riesgo de trombosis, independientemente del régimen utilizado, la dosis o el tiempo de tratamiento. Los investigadores señalan así la importancia de la vía de administración a la hora de minimizar los posibles riesgos asociados a la terapia hormonal. No obstante, el estudio detectó una excepción, se observó un aumento de la tasa de infartos entre las mujeres que utilizaban terapia cíclica transdérmica combinada, que consiste en administrar estrógeno de forma continua a través de la piel y añadir progestágeno durante parte del ciclo para inducir la menstruación. Los autores advierten de que esta estimación se basa en un número reducido de datos.

La investigación, publicada por The BMJ, es un estudio observacional, por lo que sus resultados no permiten establecer una relación de causa y efecto. Entre sus limitaciones, los autores señalan que no disponían de información sobre la edad a la que se produjo la menopausia, el índice de masa corporal o el consumo de tabaco. También advierten de que los resultados podrían no ser aplicables a otras poblaciones con una mayor diversidad étnica. A pesar de ello, consideran que el amplio tamaño de la muestra, el uso de información detallada sobre las prescripciones, la disponibilidad de datos sociodemográficos y de salud y el largo periodo de seguimiento respaldan la solidez de los resultados.

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