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Qué medicamentos pueden dañar el hígado y los riñones y cuándo aumenta el riesgo

El consumo de varios medicamentos no significa necesariamente que los riñones o el hígado vayan a sufrir daños, aunque existen determinadas circunstancias que pueden incrementar el riesgo.

Qué medicamentos pueden dañar el hígado y los riñones y cuándo aumenta el riesgo

Qué medicamentos pueden dañar el hígado y los riñones y cuándo aumenta el riesgo Pexels

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Ambos órganos desempeñan un papel fundamental en la eliminación de los fármacos del organismo y, debido a su estrecha interacción con estos, son especialmente susceptibles a determinadas toxicidades. Entre los medicamentos que requieren mayor precaución se encuentran algunos antiinflamatorios, como el ibuprofeno, el naproxeno o el dexketoprofeno, especialmente cuando se utilizan a dosis elevadas o durante periodos prolongados.

Los antiinflamatorios requieren especial precaución

El riesgo de lesión renal aumenta además en personas mayores y en quienes presentan problemas renales previos, cirrosis o una función renal alterada por factores como la deshidratación. Sobre esta cuestión, Pedro Zapater, presidente de la Sociedad Española de Farmacología Clínica, explica en este reportaje de Europa Press en exclusiva para Infosalus.com qué tratamientos requieren mayor vigilancia, qué personas son más vulnerables y cuáles son las señales que deben llevar a consultar con un médico. Cuando una persona toma un medicamento, este se absorbe y llega a la sangre, desde donde alcanza el órgano sobre el que debe ejercer su efecto. Sin embargo, el fármaco no permanece indefinidamente en el organismo, sino que debe ser eliminado, un proceso en el que el hígado y el riñón desempeñan un papel esencial. Según explica el experto, esta interacción prolongada con los medicamentos hace que las células del hígado y del riñón estén más expuestas a determinados fármacos que las de otros órganos, lo que aumenta el riesgo de que puedan sufrir daños.

No obstante, recuerda que los medicamentos prescritos y controlados por un médico son seguros. El especialista puede valorar en el momento de la prescripción si existen factores que aumenten el riesgo y, en función de ello, optar por un tratamiento alternativo o establecer un seguimiento mediante controles clínicos y analíticas periódicas que permitan ajustar las dosis o cambiar de medicamento ante cualquier alteración. Entre los medicamentos de uso frecuente, Zapater destaca los antiinflamatorios como el ibuprofeno, el naproxeno y el dexketoprofeno cuando se emplean de forma crónica o a dosis elevadas. La precaución debe ser especialmente elevada en personas de edad avanzada y en pacientes con cirrosis o con una función renal alterada, por ejemplo, como consecuencia de la deshidratación. El paracetamol presenta un perfil diferente. Aunque no produce lesiones renales, puede provocar daño hepático cuando se utiliza a dosis altas de más de 4 gramos diarios. Este riesgo, según detalla el experto, es mayor en personas desnutridas y que consumen alcohol.

El calor y la deshidratación pueden aumentar el riesgo

Las altas temperaturas del verano añaden otro factor de riesgo, ya que durante los periodos de mucho calor aumenta la posibilidad de sufrir deshidratación. Esta situación puede afectar especialmente a las personas de edad avanzada, cuyos mecanismos de regulación, como la sensación de sed, pueden estar alterados. Zapater explica que la deshidratación reduce el volumen de sangre que llega al riñón y al hígado. En este contexto, la utilización de un antiinflamatorio como el ibuprofeno puede reducir todavía más el flujo sanguíneo hacia el riñón y aumentar considerablemente el riesgo de que se produzca un fracaso renal agudo. Para reducir el riesgo de posibles daños relacionados con los medicamentos, Zapater recomienda evitar la automedicación y cumplir con las visitas y analíticas que el médico considere necesarias para controlar la evolución del tratamiento.

También considera fundamental informar al médico sobre otros medicamentos, remedios o productos naturales que se estén tomando, ya que pueden formar parte del tratamiento y deben ser conocidos por el profesional. Además, existen determinadas señales que pueden indicar que alguno de los medicamentos está afectando al riñón o al hígado. Entre ellas se encuentran que la orina se vuelva muy oscura, con un color similar al del té o al de un refresco de cola, una reducción importante del volumen diario de orina, una hinchazón exagerada de los tobillos y las piernas, cansancio continuo, náuseas o la aparición de una coloración amarillenta en los ojos o la piel. Ante estos síntomas, el presidente de la Sociedad Española de Farmacología Clínica recomienda acudir inmediatamente al médico para que valore si alguno de los tratamientos que se están tomando puede estar dañando el riñón o el hígado.

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