CULTURA
Dos meses de trabajo para restaurar el manto de la Virgen del Pilar en Zaragoza que custodió el general Palafox
Una manto histórico y centenario de la Virgen del Pilar ha sido restaurado con éxito por la Real Fábrica de Tapices.

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Las manos expertas del personal de la Real Fábrica de Tapices han devuelto el esplendor a un manto de la Virgen del Pilar, propiedad de la Academia General Militar de Zaragoza desde 1947, que fue custodiado por el general Palafox en el doble asedio francés de la capital aragonesa durante la Guerra de la Independencia.
Una actuación a la que se han dedicado dos meses de trabajo en los que se incluye una minuciosa evaluación del estado de la valiosa pieza para una intervención guiada por unos estándares europeos de conservación en los que prima la reversibilidad y la conservación, según explica a Europa Press la coordinadora del equipo de restauración de la Real Fábrica de Tapices (RFT), Sara Blanchart.
Por más que José de Palafox dio la orden de que todo lo concerniente al Pilar se protegiese adecuadamente por su significado unificador, involucrando a autoridades civiles y militares, el asedio de las tropas napoleónicas tuvo que dejar en un segundo plano el aprecio por el valor de una pieza única cuyos mayores enemigos han sido, con todo, el paso del tiempo e intervenciones posteriores, tan bienintencionadas como contraproducentes a ojos de los expertos de la institución restauradora, fundada por Felipe V en 1721 como manufactura para la producción de tapices y alfombras de alta calidad para los palacios reales.
Así, el manto aragonés llegó a Madrid con graves signos de deterioro causados por el paso del tiempo que comprometían su integridad. Presentaba suciedad, manchas de diversa naturaleza, pérdidas de tejido, rasgaduras y descosidos en sus elementos decorativos. A ello se sumaban problemas estructurales como deshidratación del tejido, abrasiones generalizadas, deformaciones y un montaje inadecuado.
Una degradación que según explica Blanchart, "es muy típica de los terciopelos, que por el paso del tiempo, la manipulación y la propia naturaleza de la seda, se queda pulverulenta, se va deshaciendo y el pelo del terciopelo se pierde. Tenía zonas ya en las que solamente se veía la base del tejido, de algodón. Y el bordado también estaba bastante deteriorado", describe.
Además, presentaba "mucha pérdida de hilo metálico y ya se veía el alma del hilo, de material textil, que normalmente es algodón o seda, y se llama entorchado, o sea, lleva enrollado alrededor una lámina de metal. Pero eso al cabo del tiempo se termina perdiendo también, muchas veces se parte y se cae, y también tenía muchas partes así", añade.
Minuciosidad forense
Ese cúmulo de desperfectos no se detallan a simple vista, sino que el análisis requiere un detallado estudio previo que incluyó una evaluación presencial: "Normalmente intentamos ir a ver las piezas o funcionamos con fotografías del cliente. En este caso se pudo ir a verla, que es mucho mejor", reconoce la coordinadora de restauración de la Real Fábrica de Tapices, que detalla aspectos técnicos como el uso de un lápiz óptico para conocer con profundidad el estado del tejido ante un posible ataque biológico, la existencia de camisas --exuvias o escamas-- y demás restos de insectos ante los que resultaría necesaria una axonia o desinsectación en una cámara hermética sin oxígeno.
El examen forense incluye las llamadas "cartografías de deterioros", un registro fotográfico que señala los puntos de la pieza donde se detectan deterioros que luego habrán de ser tratados. Con toda esa información se elabora un presupuesto --cuyo importe no desvela la coordinadora por la confidencialidad con el cliente-- y una estimación de la duración del trabajo.
Ante ese delicado estado de conservación del manto, el equipo de la RFT diseñó una intervención orientada a frenar el avance del deterioro y estabilizar la pieza, aplicando tratamientos específicos de conservación que garantizan su preservación a largo plazo.
"Siempre cumplimos los criterios de restauración generales que hay sobre todo a nivel europeo, como es la reversibilidad, además del respeto absoluto por el original y el uso de materiales compatibles", subraya Blanchart. La reversibilidad tiene todo el sentido por cuanto el propósito es que de cualquier pieza única que haya sido tratada se pueda quitar lo añadido para que en un futuro pueda ser intervenida sin problemas en caso de que se desarrollen mejores técnicas o vuelva a requerirse.
"Ha de ser visible al ojo que todos los materiales que tenga aseguren la conservación del tejido a largo plazo. Que lo que nosotros le pongamos al tejido para conservarlo no sea algo que en el futuro le vaya a perjudicar; son bases de la restauración", aclara.
Manos expertas remiendos contraproducentes
La responsable principal de garantizar la perdurabilidad del manto de la Virgen del Pilar de la AGM de Zaragoza ha sido la restauradora Beatriz Hernández Gómez, que ha desarrollado una intervención dividida en varias fases. La primera de ellas dedicada a una limpieza mecánica para eliminar la suciedad superficial. A continuación, se han corregido las deformaciones mediante la alineación del tejido y la retirada de intervenciones anteriores que generaban tensiones.
Los restauradores de la RFT están acostumbrados a lidiar con esos tratamientos previos, según confiesa la coordinadora del equipo: "Nos encontramos fundamentalmente remiendos y cosas que se han hecho a lo largo de la historia, cuando a lo mejor la restauración como tal no era algo que se contemplara, simplemente las personas que estaban a cargo de esto, si se les caía algo, pues lo cosían a modo de reparación".
En ocasiones, esos parcheos, realizados por manos inexpertas, comprometen el estado de los materiales originales y por ello son retirados: "Es verdad que a veces tristemente te encuentras eso. A la larga son perjudiciales porque generan una zona de tejido nuevo, más moderno, que está en mejor estado que el original. Los tejidos son material orgánico y, como tal, sufren movimientos con la humedad, la temperatura y, aparte, se mueven porque suelen ser flexibles. Ello hace que esas partes nuevas se quedan bien, pero rompen lo antiguo".
Blanchart advierte del intrusismo, de aquellos que se lían a hacer de restauradores tratando piezas de arte "y luego pasa lo que pasa", lamenta. "Nosotros somos expertos y los estándares están ahí por algo. Es importante tener cuidado porque al final es nuestro patrimonio", reivindica.
Entrar a formar parte del equipo coordinado por Sara Blanchart --abierto ahora a incorporaciones-- requiere contar con la titulación de restauración, con la opción clara de haber pasado por la Escuela de Palencia que tiene la especialidad en textil. "También tenemos aquí gente trabajando que tiene el grado en Bellas Artes, que hacen una parte también de especialidad en restauración y, si tiene algún máster que esté relacionado con el textil", comenta.
Además, apunta que hay cursos oficiales a cargo del Instituto de Patrimonio precisamente en Albarracín (Teruel): "Si se han hecho esos cursos de textil también se valora. Y, como siempre, si tiene experiencia laboral, pues mejor".
Al mismo tiempo que antepone la formación para intervenir en una pieza tan valiosa como en este caso el manto de la Virgen, Blanchart se muestra piadosa con la buena intención de quienes en el pasado se molestaron en hacer un apaño: "Era la manera que había antiguamente de conservar lo que tenían y, gracias a eso, también en muchos casos nos ha llegado lo que nos ha llegado, porque si esas personas no hubieran cosido esa parte que se cayó, se habría perdido".
Por ello, absuelve a quienes lo intentaron: "Al final había ahí el interés de alguien en conservar las piezas, a su manera, aunque todavía no se sabía muy bien cómo hacerlo".
La intervención de la Real Fábrica de Tapices incluye la consolidación estructural del manto y, como valor añadido, ha diseñado y fabricado un sistema de soporte específico que permitirá su correcta exhibición sin comprometer su conservación.
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