CUIDADO SÉNIOR
Cuatro consejos para cuidar a los padres mayores sin infantilizarlos
Respetar la autonomía, conversar, repartir las responsabilidades y mejorar la comunicación son claves para acompañar a los padres durante el envejecimiento.

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Cuando los padres envejecen y empiezan a necesitar ayuda, las relaciones familiares atraviesan una transformación que puede generar dudas, tensiones y sobrecarga. Los hijos adultos asumen progresivamente nuevas responsabilidades, pero cuidar no significa decidir por sus progenitores ni sustituirlos en todo aquello que todavía pueden hacer por sí mismos.
Respetar la autonomía y mantener las conversaciones
Así lo plantea Feliciano Villar, catedrático de Psicología del Desarrollo en la Universidad de Barcelona y director del máster en Psicogerontología, en su libro Mis padres se hacen mayores. Cómo cuidar cuando los roles cambian, publicado con Plataforma Editorial. A partir de su experiencia personal y profesional, el especialista propone cuatro elementos para mantener una relación saludable con los padres mayores y afrontar esta etapa sin descuidar las necesidades de ninguna de las partes. El autor recuerda que aprender a cuidar también permite reflexionar sobre el propio envejecimiento. La manera en que una sociedad trata a sus mayores influye no solo en la calidad de vida de quienes necesitan ayuda, sino también en cómo las generaciones actuales vivirán esa misma etapa en el futuro.
Una de las principales recomendaciones es evitar la infantilización de los padres cuando comienzan a perder capacidades o necesitan apoyo. Aunque la dependencia y la demencia pueden dificultar la toma de decisiones, Villar defiende que se debe preservar la capacidad de elección de la persona en la medida de lo posible. El especialista advierte de que, al observar el deterioro de los progenitores, los hijos pueden sentir que ha llegado el momento de tomar las riendas y decidir qué es lo mejor para ellos. Sin embargo, insiste en que los padres siguen teniendo su propia visión del mundo y deben ser escuchados y tratados como adultos. El segundo elemento consiste en conversar más con ellos y conocer su historia de vida. Comprender sus experiencias, sus decisiones y su manera de entender el mundo permite cuidarles mejor, pero también ayuda a los hijos a comprender sus propios orígenes. Para Villar, la historia de los padres forma parte de la identidad de sus hijos y constituye un legado que merece la pena conservar.
Repartir los cuidados y mejorar la comunicación familiar
El tercer aspecto fundamental es formar un equipo entre los familiares. El reparto de las responsabilidades puede convertirse en una fuente de conflictos cuando alguno de los hermanos siente que asume más tareas que los demás. Estas diferencias pueden acumular resentimiento y terminar deteriorando las relaciones familiares. Por ello, Villar considera necesario negociar cómo se distribuyen los cuidados y revisar los acuerdos cuando aumentan las necesidades de los padres. También señala que estas responsabilidades suelen recaer principalmente en las mujeres, pese a que los hombres pueden y deben participar en la misma medida. La cuarta clave es establecer una comunicación efectiva. Esto implica expresar las necesidades, escuchar la postura de los demás y tratar de comprender sus motivos sin renunciar a defender el propio punto de vista. El especialista destaca que, en muchas familias, determinadas cuestiones no se hablan abiertamente y las decisiones se toman sin tener suficientemente en cuenta las necesidades de todos.
Llegar a acuerdos razonables requiere respetar la dignidad y la perspectiva de los padres, al tiempo que se consideran las circunstancias de quienes les cuidan. No se trata de que una parte gane y otra pierda, sino de encontrar soluciones que todos puedan asumir. Villar también advierte de que las dinámicas familiares mantenidas durante años pueden dificultar estos cambios. Por ejemplo, un hermano que siempre ha ocupado el papel de menor puede seguir siendo tratado como tal, aunque sea adulto, y tener menos voz en la organización de los cuidados. En definitiva, acompañar a los padres durante el envejecimiento exige encontrar un equilibrio entre ofrecer ayuda y preservar su autonomía. Escucharles, conocer su historia, compartir responsabilidades y hablar abiertamente puede contribuir a mantener relaciones familiares más sanas durante una etapa que afecta tanto a quienes necesitan cuidados como a quienes los proporcionan.
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