SALUD

Vivir en un barrio con dificultades económicas podría acelerar el envejecimiento del cerebro, según un estudio

Investigadores de la Universidad de Wisconsin, a partir de casi 3.000 resonancias magnéticas, vinculan la desventaja socioeconómica del vecindario con una peor salud cerebral.

Vivir en un barrio con dificultades económicas podría acelerar el envejecimiento del cerebro, según un estudio

Vivir en un barrio con dificultades económicas podría acelerar el envejecimiento del cerebro, según un estudio Pixabay

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El cerebro no vive aislado de todo lo que ocurre a su alrededor. El lugar en el que una persona crece, trabaja o pasa buena parte de su vida está marcado por factores que pueden afectar a su bienestar de formas que no siempre resultan evidentes.

Durante años, la investigación sobre salud cerebral se ha centrado especialmente en aspectos como la edad, los hábitos de vida o la genética. Sin embargo, cada vez cobra más fuerza una pregunta distinta: ¿puede también influir el entorno que nos rodea en cómo envejece nuestro cerebro?

Un estudio con casi 3.000 resonancias magnéticas

En un trabajo que analizó cerca de 3.000 resonancias magnéticas cerebrales, investigadores de la Universidad de Wisconsin (Estados Unidos) han descubierto que vivir en barrios con altos niveles de desventaja socioeconómica se asocia con una salud cerebral más deficiente. Los resultados del estudio se han publicado en la revista Radiology, de la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA).

John-Paul J. Yu, profesor asociado de radiología, psiquiatría, ingeniería biomédica, bioestadística e informática médica en la Facultad de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Wisconsin, y director asociado del Centro de Investigación sobre Disparidades en la Salud de esa misma universidad, explica que desde hacía tiempo se sospechaba que el entorno en el que vivimos afecta al cerebro, pero que hasta ahora no se había demostrado a gran escala en poblaciones clínicas reales.

Según Yu, el estudio ha demostrado, mediante indicadores sólidos y cuantificables, que el entorno tiene un impacto desproporcionado en el cerebro a nivel molecular y celular.

Cómo se diseñó el estudio

Para este trabajo de carácter retrospectivo, los investigadores analizaron si vivir en barrios con mayores desventajas socioeconómicas se asociaba con dos indicadores clave de la salud cerebral: una mayor diferencia en la edad cerebral y una disminución del volumen cerebral total. La diferencia en la edad cerebral se define como la distancia entre la edad real de una persona y la apariencia de su cerebro, estimada a partir de los datos obtenidos mediante resonancia magnética.

El equipo analizó resonancias magnéticas cerebrales de 2.826 pacientes —1.094 hombres y 1.732 mujeres—, con edades comprendidas entre los 18 y los 96 años. Los datos de neuroimagen se obtuvieron de exámenes clínicos consecutivos de resonancia magnética, tanto de pacientes hospitalizados como ambulatorios, realizados en los Hospitales y Clínicas de la Universidad de Wisconsin y en centros colaboradores de la comunidad entre enero y junio de 2024.

Un envejecimiento cerebral más acelerado en los barrios más desfavorecidos

Los investigadores descubrieron que las personas que vivían en los barrios más desfavorecidos presentaban una mayor diferencia en la edad cerebral y un menor volumen cerebral total. Según explica el doctor Yu, se comprobó que los residentes de los barrios más desfavorecidos mostraban un envejecimiento cerebral acelerado en comparación con quienes vivían en zonas menos desfavorecidas. En palabras del investigador, el lugar donde se vive deja una huella medible en el cerebro.

Una edad cerebral elevada se ha asociado previamente con factores de riesgo cardiovascular, enfermedades psiquiátricas y deterioro cognitivo. El análisis de los datos de resonancia magnética también reveló que los residentes de los barrios más desfavorecidos presentaban un mayor volumen de hiperintensidades de la sustancia blanca.

Según explica Yu, estas hiperintensidades son, en esencia, las huellas del daño cardiovascular en el cerebro. Cuando una persona convive con factores de estrés crónico, como la hipertensión, la falta de sueño o el estrés constante, los vasos sanguíneos se contraen, restringiendo el flujo sanguíneo a determinadas zonas del cerebro. Con el tiempo, estas áreas se manifiestan como puntos brillantes en la resonancia magnética. Un mayor volumen de hiperintensidades en la sustancia blanca se asocia, a su vez, con un mayor riesgo de pérdida de memoria, problemas cognitivos y demencia.

Datos que podrían orientar las políticas de salud pública

El doctor Yu sostiene que los hallazgos del estudio sugieren que los datos derivados de la resonancia magnética pueden servir como biomarcadores de imagen intermedios de la desigualdad estructural, con relevancia tanto para la neurociencia poblacional como para la estratificación del riesgo clínico.

Según subraya el investigador, este trabajo ha demostrado por primera vez, en una población clínica real, que el entorno de un individuo tiene implicaciones claras y cuantificables para la edad cerebral y, por extensión, para la salud cerebral. Yu matiza que las condiciones en las que las personas nacen, viven, trabajan y envejecen influyen profundamente en los resultados de salud neurológica a largo plazo.

El propio investigador señala que la relación entre las desventajas socioeconómicas a nivel de barrio y la salud cerebral constituye un área de investigación emergente, con implicaciones cruciales para la investigación básica, la salud pública y la práctica clínica.

Según resume Yu, la desventaja del vecindario, cuantificada mediante índices como el ADI, es un determinante importante porque refleja desigualdades estructurales acumuladas que van más allá de los comportamientos individuales y que contribuyen a las disparidades en los resultados clínicos. El investigador concluye que resulta importante tener en cuenta estos datos a la hora de planificar programas de intervención en salud, elaborar políticas públicas e identificar áreas geográficas específicas que necesiten un mejor acceso a la atención médica.

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