DESENMASCARANDO MITOS
Qué dice la evidencia científica sobre la inflamación por la leche y cuáles son sus beneficios reales
Durante años, la leche ha estado en el centro de numerosos debates nutricionales. Afirmaciones que la señalan como un alimento inflamatorio, innecesario en la edad adulta o incluso perjudicial para la salud se han popularizado especialmente en redes sociales y en algunas corrientes vinculadas al bienestar.

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Sin embargo, expertos recuerdan que gran parte de estos mensajes no están respaldados por la evidencia científica y destacan el valor nutricional de los lácteos para la mayoría de la población. La traumatóloga y divulgadora científica Inés Moreno Sánchez analiza las investigaciones disponibles y sostiene que, lejos de ser un alimento problemático para la mayoría de las personas, la leche puede aportar beneficios que van más allá de su conocido contenido en calcio.
¿La leche provoca inflamación?
Uno de los mitos más repetidos es que el consumo de leche favorece la inflamación del organismo. Sin embargo, Moreno señala que alrededor del 90 % de la población europea presenta una mutación genética que permite mantener la producción de lactasa en la edad adulta, lo que facilita la digestión de la lactosa. Según explica, en estas personas los lácteos pueden incluso tener efectos antiinflamatorios. Entre los compuestos responsables destaca la lactoferrina, una proteína capaz de reducir el estrés oxidativo al captar el hierro libre que favorece la formación de radicales libres La especialista también señala que diversos estudios han encontrado asociaciones entre el consumo de leche y una menor incidencia de determinados problemas metabólicos y cardiovasculares.
Según los datos que recoge, cada vaso adicional de leche al día se relaciona con una reducción del riesgo de síndrome metabólico, obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Además, subraya que estos beneficios se han observado principalmente en consumidores de lácteos enteros. La elección entre leche entera y desnatada también ha generado controversia en los últimos años. Moreno defiende que la grasa láctea contiene más de 400 ácidos grasos distintos, muchos de ellos exclusivos de los productos lácteos. Según explica, las personas que presentan niveles más elevados de estos ácidos grasos en sangre muestran un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 e inflamación sistémica.
Mucho más que una fuente de calcio
Aunque tradicionalmente se asocia la leche con la salud ósea por su contenido en calcio, los expertos recuerdan que su valor nutricional va mucho más allá. La leche aporta proteínas de alta calidad con todos los aminoácidos esenciales que el organismo necesita obtener a través de la alimentación. Aproximadamente el 40 % de sus aminoácidos son esenciales, una característica que la convierte en una fuente proteica muy completa. Además, contiene nutrientes fundamentales como vitamina B12, fósforo, potasio, magnesio y zinc, implicados en funciones tan importantes como la salud neurológica, la formación y mantenimiento de los huesos, el sistema inmunitario o los procesos de cicatrización.
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La especialista recuerda que el pico máximo de masa ósea se alcanza aproximadamente a los 30 años, por lo que la infancia, la adolescencia y la juventud representan etapas clave para construir unos huesos fuertes. Por ello, insiste en la importancia de combinar una alimentación adecuada, rica en calcio y proteínas, con la práctica regular de ejercicio físico. Según explica, mantener estos hábitos a lo largo de toda la vida contribuye a preservar la salud ósea y reducir el riesgo de problemas relacionados con el envejecimiento. En definitiva, frente a algunos mensajes que cuestionan el papel de los lácteos en la dieta, la evidencia científica sigue señalando que la leche constituye una fuente relevante de nutrientes esenciales y que, para la mayoría de las personas que toleran la lactosa, puede formar parte de una alimentación equilibrada y saludable.
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