DERMATOLOGÍA Y EJERCICIO
Entrenamiento de fuerza y piel: beneficios que van más allá de ganar músculo
La fuerza, la resistencia, la velocidad y la flexibilidad son las cuatro capacidades físicas básicas del ser humano, y el entrenamiento de fuerza suele ser el más recomendado por los expertos, no solo por sus efectos en los huesos. Según explica la dermatóloga Almudena Nuño, del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica (GEDET), este tipo de ejercicio también mejora parámetros estructurales de la piel, como su grosor, un hallazgo basado en un estudio publicado en 'Scientific Reports'.

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Las cuatro capacidades físicas básicas del ser humano son la fuerza, la resistencia, la velocidad y la flexibilidad, todas ellas fundamentales para una buena condición física. De entre ellas, el entrenamiento de fuerza suele destacar entre los expertos, y no solo por su papel en la salud ósea: también puede ayudar a mejorar la piel, según explica Almudena Nuño, dermatóloga del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica (GEDET), en colaboración con la Academia Española de Dermatología y Venereología, a partir de un estudio publicado en la revista 'Scientific Reports'.
Según recoge una nota de prensa de GEDET, Nuño incide en que, además de prevenir la pérdida de masa muscular y aportar múltiples beneficios generales para la salud, el entrenamiento de fuerza mejora algunos parámetros estructurales de la piel, en especial su grosor dérmico, algo que cobra relevancia porque la dermis tiende a adelgazarse con el envejecimiento.
Los beneficios del entrenamiento de fuerza en la piel
La especialista detalla varios efectos positivos de este tipo de ejercicio sobre la piel. Por un lado, reduce la inflamación sistémica de bajo grado y el estrés oxidativo, dos procesos vinculados al envejecimiento. También puede aumentar la síntesis de colágeno y de otros componentes de la matriz extracelular de la dermis.
El estudio muestra además que el entrenamiento de fuerza estimula la liberación de mioquinas, unas moléculas que se generan cuando el músculo se contrae y que pueden influir en el metabolismo cutáneo. Asimismo, puede mejorar la organización de la dermis y reducir algunos de los factores relacionados con el adelgazamiento de la piel.
Otro de los efectos que menciona la dermatóloga es la mejora de la flacidez facial, aunque de forma indirecta, ya que esta depende de múltiples factores como la pérdida de colágeno y elastina, la grasa facial, el soporte muscular, el remodelado óseo y la propia gravedad. Nuño aclara que el ejercicio de fuerza no tensa la piel del rostro de forma directa, pero sí puede contribuir a mejorarla por varias vías: aumentando la calidad dérmica gracias a más colágeno y mejor matriz extracelular, manteniendo la masa muscular corporal —vinculada a un envejecimiento más saludable en general—, mejorando el equilibrio hormonal, el metabolismo, la inflamación y el estrés oxidativo, y favoreciendo un aspecto más firme gracias a una mejor composición corporal.
El ejercicio aeróbico también aporta ventajas
La clave, según la especialista del GEDET, está en no comparar ambos tipos de entrenamiento, ya que actúan mediante mecanismos complementarios. El ejercicio aeróbico parece asociarse más a mejoras en la vascularización, el metabolismo celular, la inflamación y la calidad global del tejido.
Este tipo de ejercicio también puede contribuir a reducir la flacidez del rostro, aunque de forma distinta al entrenamiento de fuerza, que parece tener un impacto más marcado sobre parámetros estructurales como el grosor dérmico observado en algunos estudios. Entre los beneficios del ejercicio aeróbico para la piel, Nuño destaca la mejora de la circulación sanguínea cutánea —que aumenta el aporte de oxígeno y nutrientes—, la reducción del estrés oxidativo y el refuerzo de los sistemas antioxidantes propios del organismo, la regulación de la inflamación sistémica, la mejora de la función barrera y la recuperación de la piel, así como su influencia sobre factores clave como el sueño, el estrés, la sensibilidad a la insulina y la salud cardiovascular. La especialista añade que, en enfermedades inflamatorias cutáneas como la psoriasis, el acné, la dermatitis atópica o la rosácea, un ejercicio aeróbico bien pautado puede ser un aliado.
¿Cuál es el ejercicio óptimo para una piel joven?
Para mantener una piel joven, lo ideal es combinar ejercicios aeróbicos y de fuerza, ya que a nivel práctico las recomendaciones generales de salud coinciden con las beneficiosas para la piel. En concreto, se aconseja dedicar entre 150 y 300 minutos semanales a un ejercicio aeróbico moderado —como caminar rápido, correr suave, montar en bicicleta o nadar— y complementarlo con entre 2 y 3 sesiones semanales de entrenamiento de fuerza.
Nuño prefiere hablar de una combinación equilibrada antes que de un porcentaje exacto: si hubiera que simplificarlo, la estrategia más razonable para una piel sana y un envejecimiento cutáneo saludable pasaría por mantener una base aeróbica regular e incorporar fuerza varias veces por semana.
Por último, la dermatóloga recuerda que el ejercicio más adecuado para la piel también depende de la patología de cada persona: en la rosácea conviene cuidar el sobrecalentamiento, en la dermatitis atópica hay que prestar atención al sudor y al roce, y en el deporte al aire libre resulta clave la fotoprotección.
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