SALUD
Los motivos por los que ya no se recomienda guardar reposo después de una operación
Durante décadas, permanecer varios días en cama fue la norma tras una cirugía. Hoy la evidencia científica apunta justo en la dirección contraria: los protocolos de recuperación intensificada animan a los pacientes a sentarse, caminar e incluso comer y beber pocas horas después de la intervención. Manuela Elía Guedea, coordinadora del Grupo de Rehabilitación Multimodal y Nutrición en Cirugía de la Asociación Española de Cirugía (AEC), explica en qué se basa este cambio de paradigma.

Publicidad
Durante años, el reposo absoluto se consideró la mejor garantía para una buena cicatrización y para evitar complicaciones tras una operación. Pero la evidencia científica ha invertido esa creencia: los protocolos actuales de recuperación intensificada impulsan la movilización precoz del paciente, siempre que su estado clínico lo permita. Así lo explica Manuela Elía Guedea, coordinadora del Grupo de Rehabilitación Multimodal y Nutrición en Cirugía de la Asociación Española de Cirugía (AEC), en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus.
Lejos de suponer un riesgo para la intervención, levantarse y moverse pronto ayuda a conservar la masa muscular, mejora la función pulmonar, reduce el riesgo de trombosis y favorece el funcionamiento intestinal, entre otras ventajas que aceleran la recuperación y reducen las complicaciones.
De la creencia tradicional a la evidencia científica
Durante mucho tiempo se asumió, casi por costumbre, que el reposo era lo más beneficioso para el paciente tras una cirugía abdominal mayor. Hoy, en cambio, distintos estudios y metaanálisis de referencia respaldan que levantarse pronto tras una intervención aporta beneficios claros para la recuperación. Como resume la propia doctora Elía, en la actualidad el riesgo de moverse es menor que el beneficio de hacerlo.
Entre las razones que justifican este cambio, la especialista señala que levantarse mejora la respiración, que permanecer en cama entre 24 y 48 horas provoca pérdida de fuerza y masa muscular, que el reposo prolongado aumenta el riesgo de trombosis y que el movimiento facilita el tránsito digestivo.
Reducir el estrés quirúrgico
A muchos pacientes les sorprende que, pocas horas después de operarse, ya se les anime a sentarse, caminar o empezar a beber líquidos. La doctora Elía reconoce que esto puede resultar chocante en intervenciones como el cáncer colorrectal o de páncreas, por lo que una parte esencial del nuevo protocolo consiste en informar al paciente antes de la cirugía sobre estos beneficios e implicarlo en su propia recuperación.
Este cambio de enfoque tiene su origen en los años noventa, cuando el cirujano danés Henrik Kehlet diseñó los protocolos conocidos como "Fast Track Surgery", que sustituyeron la recuperación tradicional basada en el reposo absoluto y el ayuno por una rehabilitación multimodal y acelerada orientada a reducir el estrés quirúrgico.
Según detalla la especialista, no se trata de pedir al paciente ejercicio intenso, sino una incorporación gradual: primero sentarse al borde de la cama o pasar al sillón, y al día siguiente comenzar a caminar. El objetivo es que el paciente recupere cuanto antes su situación previa a la cirugía, para lo cual también se le enseña cómo levantarse, tumbarse o toser protegiendo el abdomen.
En una operación de colon, por ejemplo, se anima al paciente a sentarse a las cuatro horas de la intervención y a ingerir líquidos a las seis. Esto ayuda, entre otras cosas, a regular los niveles de glucosa e insulina y favorece el peristaltismo intestinal.
La doctora Elía añade que también se ha reducido el uso de drenajes tras la operación, evitando aquellos que generan incomodidad sin estar respaldados por evidencia científica, ya que su ausencia mejora el postoperatorio, reduce complicaciones y acorta la estancia hospitalaria. El fin último es que el paciente recupere su actividad cotidiana lo antes posible.
La analgesia también ocupa un lugar central en estos protocolos, al permitir que el paciente esté cómodo y pueda moverse sin dolor. La especialista compara una cirugía mayor con una maratón: cuanto mejor preparado y nutrido llegue el paciente, con más masa muscular y resistencia a la fatiga, mejor afrontará la intervención.
Implicar al paciente desde el diagnóstico
Estas medidas buscan reducir el estrés que genera la cirugía, y por ello el trabajo con el paciente comienza mucho antes de la operación, ya desde el momento del diagnóstico. Preparar al paciente con antelación facilita combatir factores como el riesgo de desnutrición, la fragilidad o la pérdida de masa muscular, además de ofrecerle apoyo psicológico. Durante varias semanas antes de la intervención, los pacientes se "entrenan" física y psicológicamente para afrontarla en las mejores condiciones posibles y minimizar las complicaciones.
Más Noticias
-
Gazpacho sí, pero no cualquiera: en qué fijarse antes de comprarlo en el supermercado -
Vitaminas, proteínas y probióticos: ¿sabemos realmente qué contienen los suplementos? -
Sanidad recomienda limitar la exposición al humo de los incendios y usar mascarillas FFP2 ante el aumento de partículas contaminantes
El avance de las técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas, como la robótica o la laparoscopia, también ha contribuido a este cambio: al requerir incisiones más pequeñas, provocan menos dolor e inflamación, lo que facilita la movilización temprana y reduce el estrés quirúrgico global.
Publicidad






