SALUD PÚBLICA

Vitaminas, proteínas y probióticos: ¿sabemos realmente qué contienen los suplementos?

El Colegio Estadounidense de Médicos reclama una regulación más estricta de un mercado que mueve cientos de miles de millones de dólares al año y que, según advierte, sigue funcionando con controles insuficientes casi tres décadas después de su primera ley.

Vitaminas, proteínas y probióticos: ¿sabemos realmente qué contienen los suplementos?

Vitaminas, proteínas y probióticos: ¿sabemos realmente qué contienen los suplementos? Pixabay

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Más de la mitad de los adultos toma algún tipo de suplemento dietético, pero solo uno de cada cuatro lo hace siguiendo la recomendación de un profesional sanitario. La normativa que regula este sector en Estados Unidos, la Ley de Salud y Educación sobre Suplementos Dietéticos (DSHEA), data de 1994 y define estos productos como sustancias de ingestión que incorporan un ingrediente dietético pensado para complementar la alimentación habitual.

Bajo ese paraguas se agrupan vitaminas, minerales, aminoácidos y probióticos, con usos que van desde cubrir carencias nutricionales hasta prometer mejoras en el rendimiento físico. Se calcula que existen hasta 100.000 productos distintos en el mercado, cuyo volumen de negocio a escala mundial podría rozar los 209.500 millones de dólares en 2025.

Eficacia desigual y riesgos ocultos

No todos los suplementos se someten al mismo escrutinio. Mientras que algunas vitaminas y minerales cuentan con estudios sólidos que respaldan su seguridad y utilidad, buena parte de los productos disponibles carece de evidencia científica robusta. A eso se suma un riesgo añadido: la posibilidad de que contengan ingredientes no declarados en la etiqueta, dosis incorrectas o incluso sustancias peligrosas o ilegales, con el consiguiente peligro de interacciones adversas con medicamentos recetados.

Los médicos piden más control

El Colegio Estadounidense de Médicos (ACP) ha hecho pública una nueva toma de postura, recogida en un documento sobre la modernización del marco regulatorio de los suplementos dietéticos y publicada en la revista Annals of Internal Medicine. La organización reclama al Congreso estadounidense una actualización de la DSHEA que obligue a que estos productos pasen por una revisión basada en pruebas científicas, un registro oficial y una autorización previa de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) antes de salir a la venta, además del cumplimiento de los estándares de calidad marcados por la Farmacopea de Estados Unidos.

Según el ACP, la FDA necesita financiación y medios suficientes para vigilar de forma efectiva la fabricación, la calidad, la seguridad y el etiquetado de estos productos, así como una autoridad de supervisión reforzada una vez que ya están en el mercado. El documento propone además que la agencia pueda saltarse los trámites de retirada voluntaria cuando reciba avisos de efectos adversos o de errores en el etiquetado, para poder actuar con mayor rapidez ante productos defectuosos.

El colegio médico también respalda que la Comisión Federal de Comercio (FTC) disponga de recursos para vigilar la publicidad de los suplementos, con especial atención a la que se difunde en redes sociales a través de influencers pagados, y para sancionar con agilidad las infracciones que detecte.

Una base de datos pública como pieza clave

Para el ACP, la falta de información fiable y actualizada es uno de los grandes puntos débiles del sistema actual. Su documento defiende la necesidad de contar con "datos de alta calidad, consistentes y actualizados", accesibles al público, por lo que pide a la FDA que ponga en marcha una base de datos nacional y de consulta pública con información sobre cada producto, sus ingredientes y la evidencia científica disponible sobre sus efectos en la salud y sus posibles interacciones farmacológicas.

El colegio médico defiende también un lenguaje estandarizado y un mejor intercambio de datos entre fabricantes, con el objetivo de garantizar la seguridad de estos productos a lo largo de una cadena de suministro que, recuerda, es de carácter global. Esto implica exigir a los fabricantes una cadena de suministro segura, investigación clínica sólida, un etiquetado preciso y el cumplimiento de las Buenas Prácticas de Fabricación.

Historiales clínicos y formación sanitaria

Otra de las peticiones del ACP se dirige a los proveedores de historiales médicos electrónicos, a los que insta a incorporar en sus plataformas bases de datos sobre suplementos dietéticos. La organización advierte de que la ausencia de procedimientos estandarizados para documentar su consumo deja a los pacientes expuestos a posibles interacciones adversas con sus tratamientos farmacológicos.

Por último, el ACP apuesta por reforzar la formación de médicos, estudiantes de medicina y pacientes sobre el uso seguro de estos productos, y pide a los centros sanitarios que incorporen procedimientos para registrar el consumo de suplementos por parte de sus pacientes, del mismo modo en que ya se recoge el historial de medicación con receta.

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