ESTUDIO PRECLÍNICO DEL CSIC EN GRANADA

Una molécula del organismo reduce la inflamación y el daño cerebral tras un ictus, según un estudio preclínico

Una investigación liderada desde el Instituto de Parasitología y Biomedicina López-Neyra del CSIC demuestra por primera vez en un modelo animal que la molécula cortistatina regula simultáneamente la inflamación, la integridad de los vasos sanguíneos y la supervivencia neuronal después de un ictus. El hallazgo abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas para una enfermedad que sigue teniendo escasas opciones de tratamiento.

Una molécula del organismo reduce la inflamación y el daño cerebral tras un ictus, según un estudio preclínico

Una molécula del organismo reduce la inflamación y el daño cerebral tras un ictus, según un estudio preclínico Pixabay

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La cortistatina es una molécula implicada hasta ahora principalmente en el sueño y el sistema inmunitario. Sin embargo, esta investigación, publicada en el 'Journal of Biomedical Science' y liderada por la doctora Elena González-Rey, del IPBLN de Granada, en colaboración con la doctora Julia Castillo-González, del Hospital Universitario de Lausana, Suiza, aporta la primera evidencia de que actúa también como un regulador natural de la respuesta neuroinmunitaria en el ictus isquémico.

El estudio integró análisis moleculares de muestras de pacientes en diferentes fases posteriores a un infarto cerebral y muestras de ratones con esta patología obtenidas en ensayos preclínicos. Para observar cómo responde el cerebro ante la isquemia en ausencia de este regulador, el trabajo se realizó con animales carentes de cortistatina.

Sus niveles caen tras el ictus, y esa caída se correlaciona con la gravedad

Los resultados revelaron que los niveles de cortistatina se reducen significativamente tras el ictus, tanto en pacientes humanos como en modelos animales, y que esta caída se correlaciona con la gravedad del cuadro clínico. Cuando falta cortistatina, el cerebro responde peor al episodio de falta de riego sanguíneo, lo que contribuye a agravar la lesión.

Además, las investigadoras comprobaron que esta molécula no actúa de forma aislada, sino que interviene en una red biológica compleja que conecta la respuesta inflamatoria, la salud vascular y la capacidad de recuperación del tejido cerebral. La identificación de cortistatina como marcador podría ayudar además a comprender por qué algunos pacientes evolucionan peor que otros después del evento isquémico, lo que a largo plazo podría contribuir al desarrollo de tratamientos más personalizados y eficaces.

Efectos positivos tanto en la fase aguda como en la subaguda

El estudio evaluó también el potencial de la cortistatina como tratamiento cuando se administra de manera exógena, tanto durante la fase aguda, las primeras 48 horas, como durante la fase subaguda, hasta 7 días después del ictus. En ambos casos la molécula demostró efectos positivos sobre la protección neuronal.

En concreto, el tratamiento con cortistatina favoreció la supervivencia neuronal en el área afectada, atenuó la disfunción y sobreactivación del sistema inmunitario y preservó la integridad de los vasos sanguíneos y de la mielina, la vaina protectora de los axones neuronales que hace posible la comunicación entre neuronas. Estos resultados se obtuvieron tanto en animales jóvenes como en adultos, lo que refuerza la relevancia traslacional del estudio.

"Nuestros hallazgos aportan la primera evidencia científica de que la molécula cortistatina actúa como un regulador neuroinmunitario endógeno frente al ictus. Al incidir sobre múltiples procesos biológicos simultáneamente, se perfila como una diana terapéutica multimodal muy interesante para reducir el daño tisular inicial y facilitar la recuperación a largo plazo", explican las investigadoras.

Una acción multimodal frente a los tratamientos actuales

Esta capacidad de actuar sobre varios mecanismos a la vez contrasta con los abordajes terapéuticos actuales, que suelen dirigirse a un único mecanismo y están restringidos a la fase hiperaguda del ictus. Las opciones disponibles hoy se centran mayoritariamente en restablecer el flujo sanguíneo, sin actuar sobre los mecanismos secundarios de daño: la inflamación del tejido cerebral, la activación excesiva de las células defensivas, el deterioro de los vasos sanguíneos y de la barrera hematoencefálica, o la muerte progresiva de neuronas en las zonas afectadas.

En este contexto, la investigación del IPBLN-CSIC abre la puerta al diseño de futuras estrategias terapéuticas dirigidas no solo a tratar la fase aguda del ictus, sino también a reducir sus consecuencias los días posteriores, cuando el daño cerebral sigue extendiéndose. Aunque será necesario llevar a cabo estudios clínicos para trasladar estos resultados a la práctica médica, la cortistatina se sitúa ya como una molécula prometedora en el campo de la neuroprotección.

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