TABACO

Fumar aumenta la soledad en las personas mayores, según un estudio europeo

Una investigación del Imperial College de Londres, presentada en el Congreso de la Sociedad Respiratoria Europea, vincula el tabaquismo con un mayor aislamiento social a partir de los 65 años.

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Fumar no es un hábito social, sino que aumenta la soledad en las personas mayores, según un estudio europeo Pixabay

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Dejar de fumar puede aportar ventajas que van más allá de la salud física. Según un amplio estudio realizado en toda Europa por el Imperial College de Londres (Reino Unido), fumar no debería considerarse una conducta social, ya que de hecho se relaciona con una mayor soledad.

Keir Philip, profesor clínico de Medicina Respiratoria en el Instituto Nacional del Corazón y los Pulmones del Imperial College de Londres, ha presentado los resultados de este trabajo en el Congreso de la Sociedad Respiratoria Europea (ERS), celebrado en Barcelona. Según explica, aunque se conocen bien los efectos perjudiciales del tabaco sobre la salud física, hasta ahora se desconocían sus consecuencias sobre la salud social de las personas.

Investigaciones anteriores ya habían sugerido que la soledad puede llevar a las personas a fumar, pero apenas existían estudios que analizaran la relación inversa, es decir, si fumar puede conducir a la soledad. Philip señala que, aunque tradicionalmente se ha considerado el tabaco como una "actividad social", con frecuencia se observa que las personas con enfermedades relacionadas con el tabaquismo tienden a aislarse y a sentirse cada vez más solas.

El origen de la pregunta: ¿fumar lleva a sentirse más solo?

Según explica el investigador, un primer estudio realizado en Inglaterra ya había sugerido que las personas fumadoras se sentían más solas que las no fumadoras, aunque cabía la posibilidad de que estos resultados estuvieran condicionados por factores culturales o por las normas sociales propias de ese país. Esto llevó al equipo a plantearse si la misma relación entre tabaco y soledad se repetía también en otros contextos europeos.

Un análisis con datos de 15 países

Para comprobarlo, los investigadores analizaron datos de más de 30.000 personas procedentes de 15 países, recogidos a través de la Encuesta sobre Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa (SHARE). El nivel de soledad de los participantes se midió mediante la escala de soledad de la UCLA, un instrumento que ofrece una puntuación en función de la frecuencia con la que una persona siente que le falta compañía, se siente excluida o percibe que está aislada de los demás.

El equipo comparó a personas fumadoras con personas no fumadoras y volvió a aplicarles el mismo cuestionario dos años después, con el fin de observar cómo evolucionaba su percepción de soledad con el paso del tiempo.

Los fumadores, más solos y con un aislamiento creciente

La edad media de los participantes en el estudio era de 67 años. Al inicio de la investigación, el 22 % eran fumadores, y el 43,5 % padecía más de dos enfermedades crónicas. Los investigadores comprobaron que quienes fumaban en el momento del estudio se sentían más solos que quienes no fumaban, incluso después de tener en cuenta otros factores que podrían influir en los resultados, como la edad o el género. Además, las personas fumadoras experimentaron con el tiempo un aumento mayor de su sensación de soledad, un dato que se mantuvo incluso tras considerar las variables demográficas y el nivel de soledad que presentaban al inicio del estudio.

Según Philip, fumar se asocia con una mayor soledad entre las personas mayores, lo que sugiere que el tabaco podría dañar la salud psicosocial además de sus conocidos efectos físicos. El investigador subraya que estos hallazgos respaldan y amplían estudios anteriores, y demuestran que esta relación se mantiene de forma constante en distintos países europeos.

Por qué el tabaco podría relacionarse con la soledad

Los autores del estudio plantean dos posibles explicaciones para este vínculo. La primera tiene que ver con que las enfermedades progresivas asociadas al tabaquismo limitan la movilidad de quienes las padecen, lo que dificulta que puedan acceder a actividades sociales y participar en ellas con normalidad.

La segunda posible explicación está relacionada con las normas sociales que rodean actualmente al hábito de fumar en presencia de otras personas. Las prohibiciones de fumar en espacios públicos, junto con la extensión de los hogares libres de humo, podrían hacer que estos entornos resulten menos atractivos para quienes fuman, lo que a su vez limitaría sus oportunidades de interacción social.

Un cambio de discurso pendiente

Según Philip, los próximos pasos deben orientarse a modificar el discurso público sobre el tabaco para ajustarlo a lo que muestran estos datos. El investigador defiende que fumar no debería seguir presentándose como una conducta social, ya que su equipo ha demostrado que, en realidad, contribuye a aumentar tanto el aislamiento social como la soledad. Por ello, considera fundamental difundir esta información a través de distintos canales para dejar claros los efectos psicosociales del tabaquismo, no solo los físicos.

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