SALUD

Los productos de limpieza perfumados generan nanopartículas en el aire, según un estudio

Un equipo de la Universidad de Purdue descubre que los productos de limpieza, incluidos los de aceites esenciales, generan nanopartículas capaces de llegar hasta lo más profundo de los pulmones.

Limpieza del hogar segura

Los productos de limpieza perfumados generan nanopartículas en el aire, según un estudio Pixabay

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Los compuestos aromáticos presentes en los productos de limpieza, tanto los convencionales como los elaborados con aceites esenciales de origen botánico, reaccionan con rapidez en el aire y forman nanopartículas capaces de penetrar hasta las zonas más profundas de los pulmones si se inhalan. Según un nuevo estudio, esta reacción genera una contaminación atmosférica interior comparable a la que se produce por el tráfico rodado.

Estos productos se usan de forma habitual en viviendas y espacios laborales para limpiar y desinfectar superficies, con el objetivo de reducir la presencia de virus y bacterias. Sin embargo, su influencia en la química del aire interior y en la formación de estas partículas todavía no se conocía en profundidad.

El hallazgo de la Universidad de Purdue

La investigación, llevada a cabo por un equipo de la Universidad de Purdue (Estados Unidos), ha identificado esta contaminación invisible y recomienda, para reducir la exposición, utilizar productos sin perfume, activar los extractores de aire durante la limpieza y evitar dispositivos que generen ozono mientras se limpia.

Brandon Boor, profesor adjunto de Ingeniería Civil y de la Construcción en Purdue y autor principal del trabajo —que se presentará en la reunión de otoño de la Sociedad Química Estadounidense (ACS)—, explica que, aunque la limpieza elimina virus y bacterias de las superficies, también puede generar una contaminación atmosférica que no se percibe a simple vista: no hay polvo ni humo visibles, pero las partículas se están formando igualmente.

Boor subraya que las reacciones del ozono en espacios interiores con las fragancias de los productos de limpieza producen nanopartículas cuya dosis respiratoria puede ser comparable, o incluso superior, a la que se recibiría al estar al aire libre en una calle con mucho tráfico. Según explica, aunque la composición de las partículas varía, la dosis total inhalada puede llegar a ser mayor, y el hecho de no percibir humo ni neblina, sino solo un aroma agradable, lleva a pensar erróneamente que el aire está limpio.

Un problema detectado durante la pandemia

Boor y su colega Nusrat Jung, también profesora adjunta de Ingeniería Civil y de la Construcción en Purdue, comenzaron a estudiar el impacto de los productos de limpieza y desinfectantes químicos en ambientes interiores durante la pandemia de COVID-19.

En aquel trabajo observaron que muchos de estos productos incorporan fragancias intensas, pensadas para crear una sensación olfativa agradable en el interior de las viviendas. Sin embargo, Boor recuerda que el aire limpio no debería oler a cítricos concentrados ni, en realidad, a nada en particular.

Cómo se forman estas nanopartículas

Los científicos atmosféricos ya sabían que los terpenos emitidos por las plantas, como el pineno de los pinos, reaccionan con el ozono para generar nanopartículas en suspensión, que con el tiempo pueden llegar a formar nubes. No obstante, en entornos como los bosques, los niveles de terpenos son relativamente bajos, por lo que ese proceso resulta lento.

El problema es distinto en interiores: el uso de productos perfumados libera terpenos a medida que los compuestos aromáticos se evaporan de las superficies o de las gotas de pulverización. Entre los terpenos más habituales en los líquidos de limpieza se encuentran el pineno, el limoneno (cítrico), el timol (tomillo) y el linalol (lavanda), presentes en concentraciones muy superiores a las que se dan de forma natural al aire libre. Como resultado, según Boor, los niveles de terpenos durante la limpieza pueden llegar a ser entre decenas y cientos de veces superiores a los que se registran en un bosque.

Experimentos en una vivienda de prueba

Para analizar lo que ocurre durante una limpieza rutinaria, el equipo probó productos líquidos convencionales perfumados, además de desinfectantes en aerosol y toallitas con extractos botánicos, en una casa modelo situada en el campus de Purdue, equipada con cocina funcional, suelo de madera y baño.

Los investigadores comprobaron que la misma reacción química que forma nanopartículas en el exterior también se produce en interiores, pero de forma más rápida y en concentraciones más elevadas, algo con implicaciones directas para la salud humana. Actividades tan comunes como fregar, rociar encimeras o limpiar superficies con productos perfumados llegaron a generar miles de millones, e incluso billones, de partículas, según el producto empleado. La mayoría de ellas, conocidas como nanopartículas o partículas ultrafinas, medían entre 1 y 30 nanómetros, un tamaño que habitualmente no detectan los monitores de calidad del aire de uso doméstico.

Al analizar estos datos, el equipo constató que la limpieza rutinaria puede provocar niveles de contaminación por partículas ultrafinas superiores a los del exterior, lo que implica riesgos potenciales para la salud: estas partículas son lo bastante pequeñas como para depositarse en las vías respiratorias y en lo más profundo de los pulmones, donde pueden contribuir a la irritación e inflamación del sistema respiratorio o incluso pasar al torrente sanguíneo.

Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores fue la rapidez con la que se formaban y crecían estas partículas, un proceso que solo tarda unos minutos. Según Boor, para cuando una persona termina de limpiar un espacio interior, ya ha generado una gran cantidad de nanopartículas y las ha inhalado.

El efecto añadido de la luz ultravioleta

En un trabajo más reciente, Boor y Ernest Blatchley, también profesor de Purdue, descubrieron que desinfectar el aire con lámparas germicidas de luz ultravioleta lejana (UV-C) al mismo tiempo que se limpian superficies con productos perfumados crea un entorno especialmente propicio para la formación de nanopartículas.

Esto se debe a que estas lámparas interactúan con el oxígeno del aire y generan ozono, elevando sus niveles en el espacio analizado hasta entre 20 y 40 partes por mil millones, cifras comparables, aunque algo inferiores, a las registradas en el exterior durante los experimentos. La combinación de ozono elevado y altas concentraciones de terpenos intensificó todavía más la formación de partículas, lo que plantea nuevas dudas sobre el riesgo de inhalación en espacios que combinan ambos elementos.

Recomendaciones para reducir la exposición

Boor insiste en que el objetivo de estos hallazgos es ayudar a que los consumidores tomen decisiones informadas, no generar alarma, y propone varias pautas sencillas para reducir la exposición mientras se limpia:

  • Usar productos con poco perfume o sin perfume.
  • Evitar aplicar varios productos perfumados en la misma sesión de limpieza.
  • Encender los extractores de aire o abrir las ventanas para ventilar el espacio.
  • No limpiar superficies con productos perfumados al mismo tiempo que se utilizan dispositivos que generan ozono, como las lámparas UV-C lejanas.

Boor recuerda, en definitiva, que la limpieza cumple su función de eliminar virus y bacterias de las superficies, pero puede generar al mismo tiempo una contaminación atmosférica invisible: no hay polvo ni humo visible en el aire, pero esas partículas se están formando igualmente.

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