SEGÚN ESTUDIO DE FEDEA
España sería el país de la UE donde más mejora la sostenibilidad de las pensiones
Un estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada calcula que las reformas de 2021 y 2023 acercan el sistema español al equilibrio a largo plazo, aunque advierte de que las proyecciones oficiales resultan "excesivamente optimistas".

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La Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) ha presentado un nuevo indicador para medir la sostenibilidad de los sistemas públicos de pensiones en la Unión Europea, distinto del habitual balance anual entre ingresos y gastos. El trabajo, titulado "Indicadores de equilibrio y sostenibilidad de los sistemas públicos de pensiones europeos a partir del Ageing Report", ha sido elaborado por los investigadores José Enrique Devesa e Inmaculada Domínguez, de las universidades de Valencia y Extremadura respectivamente, junto con Borja Encinas y Robert Meneu.
A diferencia del tradicional equilibrio contable, que compara ingresos y gastos año a año, este nuevo indicador pone en relación el valor de las pensiones que recibirá una cohorte de personas a lo largo de toda su vida con el de las cotizaciones que esa misma cohorte habrá aportado durante su carrera laboral, ajustando ambas magnitudes a un mismo momento temporal mediante criterios actuariales y financieros. Se trata, por tanto, de una mirada más estructural y de largo plazo que la que ofrece el simple saldo financiero de cada ejercicio.
El estudio se apoya en los datos del Ageing Report 2024, el informe trienal que elaboran conjuntamente la Comisión Europea y el Grupo de Trabajo sobre el Envejecimiento del Comité de Política Económica de la UE, con el objetivo de evaluar el impacto presupuestario y económico a largo plazo del envejecimiento de la población en los distintos Estados miembros.
Cómo funciona el nuevo indicador
El indicador propuesto por Fedea utiliza un tipo de interés equivalente al crecimiento medio del PIB previsto entre 2022 y 2050 para valorar tanto las cotizaciones aportadas como las pensiones recibidas por un individuo teórico representativo de cada cohorte. Según explican los autores, si el resultado del indicador es superior a 1, el valor esperado de las prestaciones supera al de las cotizaciones, lo que apuntaría a un sistema tendente a la insostenibilidad; si es igual o inferior a 1, el sistema se consideraría sostenible desde este enfoque estructural.
Los propios investigadores reconocen que el cálculo exige una serie de simplificaciones, ya que el Ageing Report no fue diseñado originalmente para construir un indicador de este tipo. Por ello, advierten de que el valor absoluto del indicador no resulta demasiado útil para comparar países entre sí, dada la enorme diversidad de sistemas de pensiones existentes en la Unión Europea. Sin embargo, sí consideran que resulta metodológicamente correcto y especialmente informativo analizar cómo evoluciona este indicador a lo largo del tiempo dentro de un mismo país.
España, el país con mayor mejora proyectada
Aplicado al caso español, el indicador pasaría de un valor de 1,34 en 2022 a situarse en 0,90 en el horizonte de 2050, lo que supondría una reducción de 0,44 puntos, la mayor de las cinco economías analizadas por los investigadores en detalle: España, Alemania, Francia, Países Bajos y Suecia. Le seguirían Suecia, con una mejora de 0,20 puntos; Países Bajos, con 0,07; Francia, con 0,06; y Alemania, con apenas 0,02 puntos.
Los autores atribuyen esta evolución favorable en España al efecto combinado de las reformas de pensiones aprobadas en 2021 y 2023, que reforzaron los ingresos del sistema —a través de mecanismos como la cuota de solidaridad, el aumento de las bases máximas de cotización o la normalización de las transferencias del Estado— y extendieron la vida laboral efectiva de los trabajadores, entre otras medidas. Según el estudio, España sería así el país de la comparativa donde más disminuye la tasa de reemplazo de las nuevas pensiones, donde más aumenta el tipo de cotización efectivo y donde más se alargan los años cotizados ajustados de los nuevos trabajadores, tres de los factores que, según la metodología empleada, contribuyen a mejorar la sostenibilidad del sistema.
Una aparente contradicción con el déficit del sistema
Pese a esta mejora estructural, los investigadores insisten en que existe una "aparente discrepancia" entre este indicador y el que mide el equilibrio financiero tradicional del sistema, es decir, la diferencia entre ingresos y gastos en cada ejercicio. Según sus propias proyecciones, la llegada a la jubilación de la generación del baby boom hará que el déficit del sistema de pensiones español aumente en 2,5 puntos de PIB entre 2022 y 2050 —pasando de un saldo del -0,2 % del PIB en 2022 a un -2,7 % en 2050—, lo que situaría a España como el sexto país de la Unión Europea con mayor incremento de su déficit en este periodo.
Los autores explican que ambos indicadores miden cuestiones distintas: el de equilibrio financiero refleja la presión inmediata que genera sobre las cuentas públicas la llegada a la jubilación de generaciones muy numerosas, mientras que el de sostenibilidad estructural no se ve afectado por ese desajuste generacional puntual, sino que analiza la relación entre cotizaciones y pensiones a lo largo de todo el ciclo de vida de una cohorte. Por ello, España podría enfrentarse simultáneamente a un aumento relevante del déficit ligado al envejecimiento y, al mismo tiempo, a una mejora de su sostenibilidad estructural de fondo.
Los autores piden interpretar los resultados "con mucha cautela"
Con todo, el propio equipo de Fedea introduce una advertencia relevante sobre sus propias conclusiones: la mejora proyectada para España depende de una serie de supuestos empleados en las previsiones del Ageing Report 2024 que los investigadores consideran "excesivamente optimistas".
Entre los elementos que cuestionan se encuentra, en primer lugar, el fuerte aumento previsto de la tasa de actividad entre los mayores de 55 años. Según el estudio, esta hipótesis tendría efectos tanto sobre la edad efectiva de jubilación como sobre la duración de las carreras laborales, dos variables clave en el cálculo del indicador. Si la evolución real del mercado laboral resultase menos favorable de lo previsto, el impacto positivo sobre la sostenibilidad del sistema también sería menor de lo estimado.
En segundo lugar, los investigadores califican de "sorprendente y drástica" la caída proyectada en la tasa de reemplazo de las nuevas pensiones —es decir, la relación entre la primera pensión y el último salario—, que en España se reduciría 12,6 puntos entre 2022 y 2050, más que en cualquiera de los otros cuatro países analizados. Según explican, esta proyección podría estar sobrevalorando el efecto de que la base máxima de cotización crezca hasta 2050 por encima de lo que lo hará la pensión máxima, un supuesto normativo que no se aplica con la misma intensidad en otros países que también han reformado su cálculo de la pensión inicial.
Un escenario con dos caras
El estudio dibuja, en definitiva, un escenario con dos lecturas complementarias. Por un lado, las reformas recientes podrían haber mejorado el diseño estructural del sistema español de pensiones, hasta el punto de que, según este nuevo indicador, España sería el país que más avanza en sostenibilidad entre los analizados. Por otro lado, esa mejora no está garantizada: su magnitud dependerá de que se cumplan unas previsiones demográficas, laborales y de prestaciones que los propios investigadores consideran especialmente favorables, y que, de no materializarse, reducirían el alcance de la mejora proyectada.
Los autores concluyen que, de cumplirse las proyecciones del Ageing Report, el sistema español de pensiones avanzaría hacia una mayor sostenibilidad económica, financiera y actuarial, aunque ello no evitaría un deterioro del equilibrio financiero a corto y medio plazo durante el periodo analizado.
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