SEGÚN UN NEURÓLOGO

La pérdida progresiva del olfato o alteraciones del sueño pueden ser los primeros signos de Parkinson

Un experto señala que unos de los primeros síntomas del Parkinson suelen ser alteraciones del sueño y una pérdida progresiva del olfato. Estas suelen darse además incluso años antes de que aparezca los primeros síntomas relacionados con el sistema motor.

Hombre oliendo flores de lavanda

Hombre oliendo flores de lavandaiStock

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La pérdida progresiva del olfato o las alteraciones del sueño pueden ser, entre otras, las primeras señales de Parkinson años antes de que aparezcan los síntomas motores, según el neurólogo y director de la Unidad de Trastornos del Movimiento del Hospital Universitario La Moraleja, Esteban Peña.

El Parkinson, enfermedad neurodegenerativa progresiva, afecta principalmente al sistema motor, pero sus primeras manifestaciones pueden ir más allá del movimiento. Por ello, la detección precoz resulta "determinante" para iniciar un seguimiento clínico adecuado, ajustar el tratamiento desde fases iniciales y anticiparse a la evolución de la enfermedad. En muchos casos, los primeros signos pasan desapercibidos o se atribuyen al envejecimiento, lo que retrasa el diagnóstico.

Según los datos de la Sociedad Española de Neurología, en España viven ya más de 200.000 personas con esta enfermedad. Cada año se diagnostican alrededor de 10.000 nuevos casos, lo que le sitúa como el noveno país del mundo con mayor número de personas con Parkinson por habitante.

Peña, con motivo del Día Mundial del Parkinson, que se celebra el 11 de abril, ha asegurado que esta patología no comienza "necesariamente" con el temblor, aunque sea el síntoma más conocido. "En fases iniciales suelen aparecer signos menos evidentes, como una pérdida del olfato, alteraciones del sueño o cambios en la expresión facial, que a menudo no se relacionan con un problema neurológico", ha detallado.

Esta enfermedad se caracteriza por la degeneración de neuronas que producen dopamina, una sustancia esencial en el control del movimiento. A medida que este proceso avanza, comienzan a manifestarse síntomas motores como lentitud en los movimientos, rigidez muscular o dificultades en la coordinación.

En este contexto, una disminución mantenida en la capacidad para identificar olores cotidianos, como alimentos o perfumes, es posible que aparezca años antes de los síntomas motores. Además, los movimientos bruscos, hablar o gesticular durante el sueño, especialmente en la fase REM, pueden ser una señal temprana relacionada con cambios neurológicos.

Asimismo, cambios en la escritura como la disminución de la letra o que ésta sea menos legible con el paso del tiempo puede reflejar una pérdida de precisión en el control motor fino.

En estas personas también es frecuente, según Esteban Peña, que uno de los brazos deje de balancearse de forma natural o que la marcha se vuelva más lenta sin causa aparente. La rigidez o sensación de tensión muscular puede aparecer en una extremidad de forma unilateral y persistente, lo que dificulta movimientos cotidianos como levantarse o girarse.

Retrasar la progresión de la enfermedad

La directora médica de Sanitas Mayores, Miriam Piqueras, ha añadido que la clave no está en "no normalizar ciertos cambios cuando afectan a la vida diaria o aparecen de forma progresiva".

Para retrasar la progresión de la enfermedad en la medida de lo posible, Piqueras ha recomendado caminar a paso ligero de forma regular entre 30 y 45 minutos al día manteniendo un ritmo constante. Esto ayuda a preservar la coordinación, así como a mejorar el equilibrio o reducir la rigidez muscular.

Trabajar con bandas elásticas o pesas ligeras contribuye a mantener la masa muscular y facilita movimientos cotidianos como levantarse o girarse. Además, actividades como el tai chi o rutinas guiadas de equilibrio potencian la estabilidad y disminuyen el riesgo de caídas en fases iniciales.

Los sudokus, crucigramas, juegos de lógica o aprender un idioma favorecen la atención y fortalecen tanto la memoria como la agilidad mental.

Por último, Miriam Piqueras ha destacado que mantener una rutina de sueño estable es "primordial". "Acostarse y levantarse a la misma hora y eludir el uso de pantallas antes de dormir son hábitos que mejoran notablemente el descanso", ha concluido.

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