SALUD
Un estudio japonés explica cómo el estrés psicológico puede reactivar la inflamación de la artritis en remisión
Experimentos con ratones identifican una vía que conecta el estrés con la inflamación articular y apunta a posibles dianas terapéuticas, aunque falta confirmarlo en personas.

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Hay enfermedades que obligan a convivir con la incertidumbre, incluso cuando los síntomas parecen estar bajo control. Para quienes padecen artritis reumatoide, la posibilidad de sufrir un nuevo brote puede convertirse en una preocupación más del día a día. El estrés psicológico lleva tiempo bajo la lupa de la investigación médica por su posible relación con el empeoramiento de distintas enfermedades, y ahora un equipo científico ha profundizado en la conexión entre la respuesta del organismo al estrés y la inflamación articular, una relación que todavía plantea importantes preguntas.
Un estudio de la Universidad de Chiba
Investigadores de la Universidad de Chiba, en colaboración con el Hospital General Asahi y el Hospital Narita de la Universidad Internacional de Salud y Bienestar, todos ellos en Japón, han estudiado cómo el estrés psicológico puede reactivar la artritis. El trabajo, dirigido por el profesor adjunto Shigeru Tanaka y por el profesor Hiroshi Nakajima, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chiba, se publica en la revista Science Advances.
El estrés psicológico se ha asociado durante mucho tiempo con el empeoramiento de los síntomas de la artritis reumatoide. Sin embargo, el mecanismo que lo vincula con la aparición de inflamación articular sigue sin comprenderse del todo. En particular, cómo puede desencadenar inflamación en articulaciones previamente afectadas, incluso después de que la enfermedad haya entrado en remisión, seguía siendo una incógnita importante.
La vía inflamatoria que conecta el estrés con la artritis
Los investigadores examinaron en ratones los brotes de artritis inducidos por el estrés. Utilizaron un modelo en el que se permitió que la artritis entrara en un estado de remisión antes de exponer a los animales a estrés por restricción. Tras esa exposición, comprobaron que el estrés psicológico reactivaba la inflamación en las articulaciones. Mediante análisis de tejidos, perfiles de células inmunitarias y mediciones moleculares, rastrearon las señales inflamatorias activadas por el estrés.
Los experimentos revelaron que el estrés activaba el sistema nervioso simpático y el tejido adiposo marrón, un tipo de grasa corporal implicada en la producción de calor. Esa activación provocó que el tejido adiposo marrón liberara interleucina-6 (IL-6), una proteína de señalización inflamatoria. Según Tanaka, los hallazgos sugieren que los efectos del estrés psicológico sobre la artritis van más allá de las células inmunitarias tradicionalmente asociadas con las enfermedades autoinmunes: el estrés puede activar procesos en otros tejidos que contribuyen al regreso de la inflamación articular.
Qué células responden y cómo se frena el proceso
El equipo identificó además qué células de la articulación responden a esta IL-6 circulante. Sus resultados apuntaron a los sinoviocitos similares a fibroblastos, células especializadas que se encuentran en el tejido sinovial que rodea las articulaciones. La IL-6 estimula a estas células para que produzcan CXCL1, una quimiocina (proteína de señalización inmunitaria) que atrae neutrófilos, un tipo de glóbulo blanco implicado en la inflamación.
Ese reclutamiento de neutrófilos contribuye a la reactivación de la inflamación articular. El bloqueo del receptor CXCR2, que responde a CXCL1, redujo de forma significativa la artritis desencadenada por estrés en el modelo de ratón.
Los investigadores continuaron probando esta vía bloqueando receptores clave y monitorizando los marcadores inflamatorios, la inflamación articular y la acumulación de células inmunitarias. Cuando los ratones fueron tratados con un antagonista del receptor β3-adrenérgico, observaron una reducción de los niveles plasmáticos de IL-6, de la inflamación articular, de la expresión de CXCL1 y de la acumulación de neutrófilos en las articulaciones. Nakajima señala que estos hallazgos sugieren que actuar sobre las vías de respuesta al estrés podría ofrecer una estrategia terapéutica futura que no suprima de forma generalizada el sistema inmunitario.
Qué se sabe en humanos y qué falta por investigar
Los investigadores examinaron también si esta vía relacionada con el estrés se reflejaba en personas con artritis reumatoide. Descubrieron que los pacientes con la variante Trp64Arg, una variante específica del gen ADRB3 que reduce la sensibilidad de las células a las hormonas relacionadas con el estrés, presentaban una relación más débil entre el estrés percibido y la actividad de la artritis que los pacientes sin esa variante. No obstante, como este análisis fue observacional, los hallazgos no demuestran que el estrés cause directamente cambios en la actividad de la enfermedad.
En conjunto, los resultados sugieren que la artritis podría conservar una forma de memoria inflamatoria tisular que puede reactivarse por el estrés independientemente de los linfocitos. Esto ofrece una explicación biológica de cómo el estrés psicológico puede contribuir a los brotes e identifica una vía de respuesta al estrés que podría explorarse como posible objetivo terapéutico.
En el futuro, concluyen los autores, una mejor comprensión de esta vía podría ayudar a guiar el desarrollo de estrategias para mejorar el manejo de la enfermedad y la calidad de vida de las personas que viven con artritis reumatoide.
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