SALUD
Día Mundial de la Menopausia: por qué crece la grasa visceral aunque el peso apenas varíe
Con la caída de estrógenos, la grasa visceral puede triplicar su proporción; los expertos piden vigilar la cintura y conservar la masa muscular.

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Con motivo del Día Mundial de la Menopausia, que se conmemora este 18 de octubre, el equipo clínico de Yazen analiza por qué muchas mujeres de en torno a los cincuenta años notan una transformación repentina en su cuerpo aunque mantengan intactos sus hábitos de alimentación y ejercicio. Se trata, subrayan, de un proceso involuntario que desmonta la creencia de que estos cambios se deban a una falta de disciplina personal.
Según los datos de la Sociedad Internacional de Menopausia, las mujeres en la mediana edad ganan de media entre 0,4 y 0,7 kilos al año sin cambiar voluntariamente su estilo de vida. Pero la alteración real va mucho más allá de esa cifra.
De entre el 5 % y el 8 % a entre el 15 % y el 20 %
En esta etapa, la grasa visceral pasa de suponer entre el 5 % y el 8 % de la grasa corporal total antes de la menopausia a representar entre el 15 % y el 20 % en la posmenopausia, es decir, puede triplicar su proporción. El doctor David Buchebner, médico de Yazen, explica que con la edad se reducen la masa muscular y el gasto energético y que, al mismo tiempo, la caída de estrógenos contribuye a desplazar la grasa corporal hacia el área abdominal. Por eso, señala, la composición del cuerpo puede cambiar de forma significativa aunque la cifra de la báscula suba muy poco.
Esa grasa abdominal visceral es la que resulta especialmente relevante para el riesgo cardiovascular, de ahí que el especialista recomiende, además del peso, vigilar el perímetro de la cintura.
Fuerza y resistencia para conservar el músculo
Desde el punto de vista médico, Buchebner considera particularmente beneficiosos el entrenamiento de fuerza al menos dos veces por semana y el ejercicio de resistencia regular, porque ayudan a conservar la masa muscular y a mantener estable el metabolismo.
El doctor añade que el aumento de peso en esta etapa no siempre se debe de forma exclusiva a la menopausia. Ante incrementos notables o inexplicables, apunta, conviene evaluar posibles comorbilidades como alteraciones del tiroides, apnea del sueño, depresión o el efecto de ciertos fármacos. Recuerda también que la terapia de reemplazo hormonal puede aliviar los síntomas menopáusicos, pero no es un tratamiento para adelgazar, y que cuando ya existe obesidad debe abordarse con seguimiento profesional y a largo plazo, como cualquier otra enfermedad crónica.
El sueño, el apetito y el papel del cerebro
Este proceso suele ir acompañado de un notable impacto anímico. La psicóloga de Yazen Angela Ott explica que muchas mujeres sienten una pérdida de control al comprobar que, haciendo lo mismo que antes, ganan volumen de repente. A su juicio, el mensaje de «come menos y haz más ejercicio» es erróneo, porque existe un ciclo fisiológico y psicológico real: el mal descanso altera las hormonas del hambre y la saciedad, con un aumento de la grelina y una reducción de la leptina, lo que desemboca en antojos de alimentos calóricos al día siguiente.
La experta recuerda además que la menopausia tiene un reflejo neurobiológico directo. Según estudios recientes que cita, la densidad de los receptores de estrógeno en el cerebro, especialmente en la amígdala y el hipocampo, aumenta durante la transición menopáusica como mecanismo compensatorio ante la caída hormonal, lo que guarda relación con los cambios de humor y los problemas de memoria. Pese a ello, añade, solo el 3 % de las investigaciones neurocientíficas se centran en el cerebro femenino.
El error de las dietas restrictivas
Frente a la frustración que genera esta redistribución corporal, la reacción habitual suele ser restringir drásticamente la ingesta, una respuesta que los profesionales desaconsejan. La dietista Rebeka B. Veress advierte de que uno de los errores más comunes es comer cada vez menos o eliminar grupos enteros de alimentos, como los carbohidratos.
Según explica, no es posible quemar grasa abdominal de forma localizada con alimentos o suplementos específicos, pero sí se puede actuar sobre ella mediante un déficit calórico moderado y sostenible, asegurando entre 1,5 y 2 gramos de proteína por kilo de peso objetivo y recurriendo al ejercicio de fuerza para no perder tejido muscular. La evidencia clínica, añade, muestra que el metabolismo se adapta a una mayor actividad física, por lo que la fórmula de quemar más calorías para perder más peso no funciona de forma lineal.
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Replantear el ejercicio como autocuidado
Por ello, Ott insiste en cambiar la perspectiva psicológica con la que se afronta la actividad física en esta etapa. Es fundamental, afirma, replantear el ejercicio como una herramienta de bienestar y autocuidado, y no solo como un método para controlar la báscula. El objetivo del movimiento, concluye, debe ser proteger la salud cardiovascular, preservar la masa muscular y cuidar la salud mental.
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