MAYORES Y OLAS DE CALOR

El calor extremo puede descompensar a una persona mayor en horas: qué deben vigilar las familias

Las personas mayores son uno de los colectivos con más riesgo de acabar en una UCI durante el verano, especialmente en los picos de calor. María Luisa Delgado Losada, vicepresidenta del Área Social y Ciencias del Comportamiento de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), explica en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus qué señales de alarma deben vigilar las familias y los cuidadores, y resume en tres verbos —hidratar, refrescar y vigilar— las claves para protegerlas.

El calor extremo puede descompensar a una persona mayor en horas: qué deben vigilar las familias

El calor extremo puede descompensar a una persona mayor en horas: qué deben vigilar las familias Pixabay

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Las personas de edad avanzada no son buenas amigas del calor. Son uno de los grupos con mayor riesgo de ingresar en una UCI durante el verano, y en especial durante las olas de calor, porque con los años el organismo pierde parte de su capacidad para regular la temperatura, aumenta la vulnerabilidad frente a la deshidratación y algunas enfermedades o tratamientos dificultan aún más la adaptación al calor.

María Luisa Delgado Losada, vicepresidenta del Área Social y Ciencias del Comportamiento de la SEGG, advierte de que el riesgo del calor en este grupo de edad no es solo clínico, sino también funcional y social. Por eso insiste en que, durante el verano, familias y cuidadores deben prestar especial atención a síntomas como la confusión, la debilidad, los mareos o la disminución de la orina, que pueden ser indicio de una complicación relacionada con las altas temperaturas.

Por qué el calor afecta más a las personas mayores

Según explica la experta, la vulnerabilidad frente al calor en la vejez no depende únicamente de la edad, sino de cómo se combinan el envejecimiento, la fragilidad, las enfermedades y las condiciones de vida de cada persona. Con los años, el organismo pierde capacidad para adaptarse al calor con la misma rapidez y eficacia que en etapas más jóvenes: la termorregulación funciona peor, el cuerpo suda menos o de forma menos eficaz, y muchas personas mayores cuentan con menor reserva fisiológica, lo que reduce su margen para compensar el estrés térmico.

Principales señales de alarma

Delgado Losada recomienda estar atentos a cualquier cambio claro respecto al estado habitual de la persona mayor. Entre las señales de alarma que menciona se encuentran el mareo, la debilidad intensa, el dolor de cabeza, las náuseas, los vómitos, la somnolencia, la confusión, la irritabilidad, la dificultad para mantenerse en pie, una disminución importante de la orina o la sensación de desmayo.

La especialista añade que también hay que sospechar un problema relacionado con el calor si la persona sufre una caída, si está mucho más apagada de lo habitual o si empeora bruscamente una enfermedad previa.

Además, avisa de que una complicación por calor no siempre se manifiesta de forma típica en las personas mayores: en lugar de los síntomas clásicos de un golpe de calor, puede aparecer simplemente más desorientación, más debilidad, más somnolencia, menos ganas de comer o beber, o una inestabilidad repentina al caminar. En los casos más graves, señala, pueden llegar a aparecer fiebre o temperatura muy elevada, piel muy caliente, alteración del nivel de conciencia, dificultad respiratoria, convulsiones o pérdida de conocimiento.

Por ello, la doctora lanza un mensaje claro a las familias: si una persona mayor está más confusa, más débil, bebe poco, orina poco o no es ella misma durante una ola de calor, hay que prestarle atención, hidratarla, refrescarla y consultar a un profesional sanitario si la situación lo requiere.

Más allá de decirle que beba agua

Delgado Losada subraya que proteger a una persona mayor durante una ola de calor no consiste solo en decirle que beba agua, sino en asegurarse de que realmente puede hacerlo, de que se encuentra en un entorno fresco y de que alguien vigila cómo evoluciona. En sus palabras, hablar de personas mayores y calor no es hablar solo de fisiología, sino también de fragilidad, de dependencia, de soledad no deseada y de si esa persona cuenta o no con una red de apoyo capaz de detectar a tiempo que algo va mal.

Las tres recomendaciones: hidratar, refrescar y vigilar

La vicepresidenta de la SEGG resume las claves de la prevención en tres verbos:

Hidratar, que significa ofrecer líquidos con frecuencia aunque la persona no los pida, y facilitar que tenga agua accesible y ayuda para beber si la necesita.

Refrescar, es decir, mantener la vivienda lo más fresca posible: bajar persianas, ventilar a primera hora, evitar las salidas en las horas centrales del día y recurrir a ropa ligera, duchas templadas o paños húmedos si hace falta.

Vigilar, que implica comprobar si la persona está bebiendo, si come algo, si orina con normalidad, si la casa está demasiado caliente o si aparece más cansancio, confusión o inestabilidad de lo habitual. Esta vigilancia debe reforzarse especialmente si la persona vive sola, tiene deterioro cognitivo, movilidad reducida o pocos apoyos.

Por último, desde una perspectiva social y comunitaria, Delgado Losada recuerda que la prevención no puede recaer únicamente en la propia persona mayor. Durante las olas de calor, sostiene, familias, cuidadores, vecinos y servicios sociales y sanitarios deben prestar especial atención a quienes tienen más riesgo, porque en muchos casos una llamada, una visita o una comprobación diaria pueden marcar una diferencia importante.

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