ASÍ ES ESTE FENÓMENO
¿Agua muy fría o helados para combatir el calor? Las causas y consecuencias de la 'paradoja del agua fría'
Cuando las temperaturas se disparan, pocas cosas resultan tan apetecibles como un vaso de agua con hielo o un helado bien frío. Sin embargo, algunas personas aseguran que estas opciones les provocan pesadez, hinchazón o una sensación de digestión más lenta. ¿Existe realmente una base científica detrás de estas molestias?

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Los expertos hablan de la llamada "paradoja del agua fría", un fenómeno por el que las bebidas y alimentos muy fríos pueden modificar temporalmente algunas funciones digestivas, aunque sin representar un riesgo para la mayoría de las personas sanas. La doctora Silvia Gómez Senent, médica digestivo especializada en neurogastroenterología y microbiota, explica en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus que "la llamada 'paradoja del agua fría' en la digestión se refiere a una idea bastante difundida, aunque con matices, sobre cómo el agua muy fría puede influir en el funcionamiento del sistema digestivo".
En términos simples, el agua es necesaria para la digestión, pero su temperatura puede modificar temporalmente cómo se procesa en el estómago. Por eso, cuando se ingiere agua muy fría, el cuerpo puede activar algunas respuestas fisiológicas, entre las que destacan la vasoconstricción local, es decir, un estrechamiento temporal de los vasos sanguíneos del sistema digestivo; la disminución del ritmo gástrico, ya que el estómago puede vaciarse más lentamente cuando recibe líquidos muy fríos; una alteración leve de la motilidad intestinal, que en personas sensibles puede enlentecer o modificar las contracciones digestivas; y, en algunos casos, molestias digestivas como sensación de pesadez, hinchazón o incluso espasmos leves.
"Por eso se habla de 'paradoja', ya que el agua es fundamental para digerir bien, pero si está demasiado fría, en ciertas personas o contextos puede hacer la digestión más lenta o menos confortable", insiste la experta. Ahora bien, también hace hincapié en matizar lo que dice la evidencia actual: "En personas sanas, beber agua fría no es perjudicial, ni 'bloquea' la digestión. El efecto, cuando aparece, suele ser leve, transitorio y dependiente de la sensibilidad individual. Es más relevante en contextos concretos: comidas muy copiosas, personas con digestión sensible, o durante ejercicio intenso".
Cuidado con las bebidas muy frías en verano
La doctora Gómez Senent señala que cuando el cuerpo está expuesto a altas temperaturas hay que tener especial precaución con las bebidas muy frías, porque en esas circunstancias los vasos sanguíneos de la piel están dilatados para disipar calor, y el sistema digestivo también se encuentra en un estado relativamente activo por el calor, la deshidratación o las comidas más ligeras propias del verano.
En ese contexto de altas temperaturas, si se ingiere algo muy frío de forma rápida, como agua con hielo o bebidas heladas, puede producirse una vasoconstricción brusca local en el estómago y el esófago, con una desaceleración momentánea de la digestión. En algunas personas sensibles puede aparecer incluso dolor tipo 'brain freeze' o un espasmo esofágico o gástrico leve, una sensación de corte digestivo o malestar. La experta hace un apunte importante a nivel de percepción: "El cuerpo puede 'enfriarse por fuera' pero seguir en sobrecarga térmica interna, lo que genera sensación de malestar. No es peligroso en personas sanas, pero sí puede explicar por qué a veces una bebida muy fría no hidrata tan 'bien' a nivel de sensación digestiva como una fresca o templada".
¿Y si me como un helado? ¿Sucede lo mismo?
Ante la pregunta de qué sucede si, en plena ola de calor, optamos por un helado en lugar de agua fría, la doctora confirma que, en esencia, el mecanismo es similar, aunque con un matiz importante: "Los postres helados, como el helado o los sorbetes muy fríos, no solo enfrían el estómago, sino que además suelen contener grasas y azúcares, que ya de por sí ralentizan la digestión".
Por eso, señala que si los postres helados se combinan con frío extremo, en personas sensibles pueden favorecer digestiones más lentas, hinchazón y sensación de pesadez. "Pero, de nuevo, esto es dependiente de la persona y de la cantidad. En la mayor parte de las personas sanas, un helado ocasional en verano no supone ningún problema digestivo relevante", remarca.
En cuanto a si el consumo de agua muy fría o de postres helados en días de calor máximo puede afectar a la microbiota, la experta lo confirma, aunque matiza que solo lo hace "de forma teórica y muy leve": "Si el frío hace que algunas personas ralenticen la digestión o tengan molestias, podría cambiar transitoriamente el tránsito intestinal. Y el tránsito sí influye en el entorno donde viven las bacterias".
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