FOTOSENSIBILIDAD
Estos son algunos de los medicamentos que pueden convertir el sol en tu peor aliado este verano
La llegada del verano hace que muchas personas refuercen su protección frente al sol con cremas, gafas o evitando las horas de mayor radiación. Aun así, existe un riesgo poco visible que puede intensificar el daño solar, algunos medicamentos.

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Antibióticos, antihipertensivos, antidepresivos, tratamientos contra el acné e incluso preparados de origen vegetal pueden desencadenar reacciones de fotosensibilidad, de modo que exposiciones breves o aparentemente inofensivas acaben provocando quemaduras severas, erupciones, manchas duraderas o un aumento del envejecimiento cutáneo y del riesgo de cáncer de piel.
El contexto más sensible para la piel
El farmacéutico Pablo Caballero, del área de divulgación científica del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, explica que la fotosensibilidad aparece cuando una sustancia presente en el organismo vuelve la piel anormalmente reactiva a la luz solar. Según detalla, estos medicamentos amplifican el efecto de la radiación ultravioleta, de forma que una exposición que en condiciones normales sería tolerable se convierte en agresiva. Además, recuerda que este efecto no siempre desaparece al terminar el tratamiento, ya que algunos compuestos se acumulan en los tejidos y mantienen el riesgo durante días o semanas. Caballero distingue dos mecanismos principales. La fototoxicidad, la más habitual, se produce cuando el fármaco absorbe la energía de la radiación UVA y desencadena un daño celular directo, similar a una quemadura solar pero mucho más intensa, y puede afectar a cualquier persona que tome ese medicamento.
La fotoalergia, en cambio, implica una respuesta inmunitaria, el fármaco activado por la luz actúa como un antígeno y provoca una reacción alérgica en la piel, más persistente y que solo aparece en quienes ya están sensibilizados. El experto subraya que la radiación UVA es la principal responsable y atraviesa nubes y cristales, por lo que el riesgo no desaparece en interiores ni en días nublados. La lista de medicamentos implicados es más amplia de lo que suele pensarse. Entre los más conocidos se encuentran las tetraciclinas como la doxiciclina, las fluoroquinolonas como ciprofloxacino o levofloxacino, y antiinflamatorios tópicos como el ketoprofeno en gel. También menciona fármacos de uso muy común cuya relación con la fotosensibilidad pasa más desapercibida como diuréticos tiazídicos como la hidroclorotiazida, antagonistas del calcio como el amlodipino, antidepresivos tricíclicos como la amitriptilina, algunos ISRS, la hierba de San Juan, antihistamínicos de primera generación como la prometazina, antipsicóticos como la clorpromazina, estatinas y retinoides empleados para tratar el acné, tanto tópicos como orales.
Síntomas
El farmacéutico señala que la desproporción entre la exposición solar y la intensidad de la reacción es una pista clave para sospechar una fotosensibilidad medicamentosa. Entre los síntomas que pueden aparecer se encuentran enrojecimiento marcado, hinchazón y sensación de quemazón tras un tiempo breve al sol, ampollas o vesículas similares a las de una quemadura de segundo grado, erupciones con picor intenso y, en el caso de las fotoalergias, lesiones que pueden extenderse más allá de las zonas expuestas. Ante estos signos, recomienda evitar el sol y consultar con un profesional sanitario, sin suspender el tratamiento por iniciativa propia. Más allá de la reacción inmediata, Caballero advierte de que la exposición repetida puede dejar secuelas duraderas. Una de las más frecuentes es la hiperpigmentación persistente, ya que los melanocitos pueden alterarse tras una reacción fototóxica y generar manchas que permanecen durante meses o incluso años.
También recuerda que la radiación UVA acelera la degradación del colágeno y la elastina, lo que favorece un envejecimiento cutáneo prematuro. Además, el daño en el ADN de los queratinocitos se intensifica cuando hay fármacos fotosensibilizantes, aumentando con el tiempo el riesgo de queratosis actínica y cáncer de piel. Para quienes toman medicamentos durante el verano, Caballero insiste en varias medidas básicas. Recomienda utilizar un fotoprotector de amplio espectro SPF 50, aplicarlo con antelación y reaplicarlo con frecuencia, aunque advierte que en algunos tratamientos muy fotosensibilizantes puede no ser suficiente. Aconseja priorizar la protección física mediante ropa, sombreros y gafas homologadas, revisar siempre el prospecto en busca de advertencias relacionadas con la exposición solar, evitar las horas centrales del día, proteger zonas olvidadas como labios, orejas, nuca o manos, y recordar que superficies como el agua o la arena reflejan la radiación, aumentando la exposición incluso sin estar directamente bajo el sol.
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