SALUD
Vivir sin apéndice: una cirujana explica cómo afecta a la digestión, las defensas y la microbiota
Aunque ya no se considera un órgano vestigial, su extirpación no suele causar déficit inmunitario ni cambios permanentes en la dieta, según una especialista.

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Durante décadas se consideró que el apéndice apenas tenía utilidad, pero hoy se sabe que participa en el sistema inmunitario y se investiga su posible papel como reservorio de bacterias intestinales beneficiosas. Entonces, ¿qué ocurre cuando se extirpa?
La doctora Mireia Navasquillo Tamarit, especialista en Cirugía General del Hospital de Manises, lo explica en una entrevista en exclusiva con Europa Press Salud para Infosalus: por qué la mayoría de las personas puede llevar una vida normal tras una apendicectomía, qué se sabe sobre sus efectos en la digestión, en las defensas y en la microbiota, y cómo afrontar la recuperación.
Según la cirujana, durante décadas se consideró que el apéndice era un 'órgano vestigial y carente de una función relevante', aunque la investigación de los últimos años ha modificado parcialmente esa visión. Hoy se sabe que participa en el sistema inmunitario, ya que contiene tejido linfoide y forma parte del sistema inmunitario asociado al intestino. Además, se ha propuesto que podría actuar como un 'reservorio' de microbiota intestinal beneficiosa, favoreciendo la recolonización del intestino tras determinadas alteraciones de la microbiota.
No obstante, Navasquillo considera que, aunque el apéndice desempeña funciones biológicas identificables, no es un órgano imprescindible. Su extirpación no supone, en la mayor parte de las personas, un déficit inmunitario clínicamente relevante, porque el organismo dispone de otros componentes del sistema inmunitario que mantienen esas funciones.
Cómo compensa el organismo la ausencia de apéndice
En la mayoría de los pacientes, explica, la vida continúa exactamente igual tras una apendicectomía. Durante el postoperatorio precoz, en las primeras semanas, es habitual presentar dolor en la zona de la incisión o en la fosa ilíaca derecha, cansancio, limitación temporal para realizar esfuerzos físicos y una recuperación progresiva del tránsito intestinal.
Reconoce que los pacientes preguntan con mucha frecuencia si extirpar el apéndice puede afectar a la digestión, a las defensas o a la microbiota. En cuanto a la digestión, aclara que la apendicectomía no afecta de forma relevante a la capacidad del organismo para digerir y absorber los alimentos: aunque el apéndice forma parte del intestino grueso, no participa de manera esencial en esos procesos, por lo que su extirpación no suele requerir cambios permanentes en la alimentación.
Respecto al sistema inmunitario, aunque el apéndice forma parte del tejido linfoide intestinal, su ausencia no se traduce, en la mayoría de las personas, en un deterioro clínicamente significativo de las defensas. Los pacientes no suelen presentar un deterioro clínicamente relevante de la función inmunitaria atribuible a esta ausencia, porque el resto de los componentes del sistema inmunitario permite mantener una respuesta adecuada.
En cuanto a la microbiota intestinal, apunta que algunos estudios han observado diferencias discretas en su composición tras la apendicectomía, pero subraya que la investigación sobre sus posibles efectos a largo plazo continúa abierta y que no se ha establecido que estos cambios tengan necesariamente consecuencias clínicas en personas sanas.
Un tratamiento consolidado, pero individualizado
Cuando está indicada, la apendicectomía es, a juicio de la especialista, un tratamiento 'consolidado y definitivo' de la apendicitis aguda. Advierte, no obstante, de que el abordaje se individualiza en función de las características de cada paciente y del tipo de apendicitis, ya que en determinados casos de apendicitis no complicada puede valorarse un tratamiento no quirúrgico.
Recomendaciones tras una apendicectomía
La doctora subraya que las recomendaciones que se suelen dar a los pacientes tras este tipo de intervenciones dependen de la cirugía que se realice y de la evolución de cada persona, aunque con carácter general están orientadas a favorecer una recuperación segura. Entre ellas menciona las siguientes:
- Seguir las indicaciones del cirujano o cirujana.
- Retomar la alimentación de acuerdo con la tolerancia individual y las indicaciones del equipo sanitario.
- Caminar a diario para favorecer la recuperación y recuperar progresivamente la actividad habitual.
- Evitar esfuerzos físicos intensos y la manipulación de cargas pesadas durante el periodo recomendado por el equipo quirúrgico.
- Consultar con el equipo sanitario si aparecen signos de alarma, como fiebre, aumento del dolor abdominal, vómitos persistentes, enrojecimiento o supuración de la herida quirúrgica o un empeoramiento del estado general.
- Ante síntomas intensos o un empeoramiento importante, solicitar atención urgente.
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