CLAVES PARA AFRONTAR LAS ALTAS TEMPERATURAS

Del protector solar a los medicamentos: todo lo que debes saber para proteger tu salud en los días de calor

Las temperaturas superan ya los 35 grados en muchos puntos de España y las noches tropicales se suceden sin dar tregua. El calor no es solo una cuestión de confort: tiene consecuencias directas sobre la piel, el cerebro, el corazón y hasta sobre los medicamentos que tomamos a diario. Repasamos los consejos más importantes para llegar al verano sin que la salud pague el precio.

Del protector solar a los medicamentos: todo lo que debes saber para proteger tu salud en los días de calor

Del protector solar a los medicamentos: todo lo que debes saber para proteger tu salud en los días de calor Pexels

Publicidad

El calor extremo no afecta a todos por igual. Los grupos más vulnerables son las personas mayores de 65 años, los lactantes y menores de 4 años, las mujeres gestantes, las personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias o mentales, quienes padecen enfermedades crónicas como la diabetes, y las personas que viven solas o sin hogar. Además, los grupos socioeconómicos más desfavorecidos sufren el calor con mayor intensidad, ya que tienen menos acceso a espacios climatizados y condiciones de vivienda más precarias.

El calor extremo también tiene un impacto directo sobre el sistema sanitario, laboral y económico: aumenta las hospitalizaciones, dispara las bajas laborales y reduce la productividad. No es, por tanto, un fenómeno menor.

Consejos generales: lo básico que no puede fallar

Ante las altas temperaturas, algunas medidas son fundamentales y aplicables a cualquier persona. Beber agua con frecuencia sin esperar a tener sed, evitar las bebidas con cafeína, alcohol o azúcar, no hacer ejercicio físico en las horas centrales del día, usar ropa ligera que permita transpirar, hacer comidas ligeras para reponer las sales perdidas por el sudor y, muy importante, no dejar nunca a nadie dentro de un vehículo estacionado y cerrado, especialmente a menores, personas mayores o con enfermedades crónicas.

Cuando el calor provoca calambres, mareos, dolor de cabeza, náuseas o sudoración excesiva, suele ser suficiente con reposo en un lugar fresco e hidratación. Sin embargo, si aparece una elevación de la temperatura corporal, dolor de cabeza intenso, fatiga extrema o pérdida de conciencia, podría tratarse de un golpe de calor, una emergencia médica que requiere atención inmediata.

Dermatología: el bronceado no protege, daña

Con el calor llegan las piscinas, las playas y una mayor exposición solar. La Sociedad Española de Oncología Médica estima que este año se diagnosticarán 8.074 nuevos casos de melanoma en España, una cifra que recuerda que el riesgo no es menor. Protegerse la cabeza y usar protección solar no es opcional.

Uno de los mitos más extendidos es que la piel puede acostumbrarse al sol y desarrollar una protección natural. Es falso. El bronceado no protege frente al sol, sino que es una respuesta de defensa del organismo ante una agresión: el organismo intenta minimizar el daño ya producido. Como lo resume el dermatólogo Ramon Grimalt, de la Facultad de Medicina de UIC Barcelona: "El bronceado no es sinónimo de salud, sino un mecanismo de protección que indica que ya se ha producido un daño celular".

El uso de bañadores, el contacto con piscinas públicas y la arena de playa pueden desencadenar infecciones genitourinarias como la vulvovaginitis, provocada por el hongo Cándida o la bacteria Gardnerella, eccemas en las zonas de los pliegues e infecciones de orina favorecidas por la deshidratación y la acumulación de gérmenes. Mantener una buena higiene, cambiarse el bañador mojado y no descuidar la hidratación son las principales medidas preventivas.

Neurología: el calor también afecta al cerebro

El cerebro necesita un equilibrio térmico para funcionar correctamente. Cuando las temperaturas suben, pueden verse afectadas la atención, la memoria, el razonamiento y la velocidad de procesamiento de la información. El geriatra Pedro Gil Gregorio, de la Universidad Complutense, lo explica así: "Muchas veces asociamos el impacto del calor únicamente al cansancio físico, pero también existe una afectación neurológica. El cerebro consume una gran cantidad de energía y necesita mecanismos muy eficientes para disipar el calor".

En personas mayores, la situación es especialmente delicada. Existe evidencia científica sobre la relación entre episodios de calor extremo y un incremento de las hospitalizaciones relacionadas con demencia y Alzheimer. Se recomienda mantener rutinas estables, evitar actividades al aire libre en las horas de más calor y estar atentos a posibles signos de desorientación, fatiga o confusión.

Menopausia: cuando el calor agrava los sofocos

Para las mujeres en menopausia, las olas de calor suponen un desafío añadido. Los sofocos empeoran con las altas temperaturas, ya que se acompañan de sudoración, palpitaciones y enrojecimiento de la piel. Las recomendaciones en este caso pasan por usar ropa ligera y transpirable, mantener una hidratación adecuada, evitar comidas picantes, alcohol y bebidas muy calientes, dormir en ambientes frescos y ventilados, practicar ejercicio moderado de forma regular y cuidar la microbiota íntima.

Deporte con calor: adaptar la rutina es imprescindible

Mantener la rutina habitual de ejercicio en periodos de calor extremo puede ser contraproducente, especialmente en deportes de alta intensidad, sesiones largas o actividades al aire libre. Los expertos recomiendan reducir la intensidad desde el primer bloque de entrenamiento, hidratarse antes de tener sed, valorar bebidas con electrolitos en entrenamientos de más de 45-60 minutos, evitar el asfalto a pleno sol y revisar la ropa, ya que las prendas oscuras, ajustadas o poco transpirables dificultan la disipación del calor.

Ante señales de alarma como mareo, escalofríos, náuseas, dolor de cabeza intenso, calambres persistentes o pérdida de coordinación, hay que detener la actividad de inmediato, buscar sombra, enfriar el cuerpo, beber progresivamente y pedir ayuda si los síntomas no mejoran.

Medicamentos y calor: precauciones que muchos desconocen

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) advierte de que hay fármacos que pueden agravar los síntomas derivados de las altas temperaturas. Entre ellos están los diuréticos, que favorecen la deshidratación; ciertos antiinflamatorios y antibióticos, que pueden afectar al funcionamiento de los riñones; medicamentos cuyo efecto se altera con la deshidratación, como algunos tratamientos para el corazón, la diabetes, la epilepsia o el colesterol; y fármacos que dificultan que el cuerpo se enfríe correctamente, como algunos antidepresivos, antipsicóticos, antihistamínicos o tratamientos para el párkinson.

En cuanto a la conservación, no deben dejarse los medicamentos en el coche ni en lugares húmedos como la cocina o el baño. Lo correcto es guardarlos en un lugar fresco, seco y protegido de la luz, y no dar por válida la indicación de "temperatura ambiente" durante una canícula: lo recomendable es no superar los 25-30 grados.

Hablando en Plata » Salud

Publicidad