DÍA INTERNACIONAL DE LOS TUMORES CEREBRALES

Los especialistas alertan sobre los tumores cerebrales 'benignos' y piden no subestimarlos

Aunque a menudo se les denomina erróneamente tumores cerebrales "benignos", los gliomas de bajo grado son masas tumorales que pueden infiltrarse en el tejido cerebral, reaparecer años después del tratamiento e incluso evolucionar hacia formas más agresivas.

Los tumores cerebrales de bajo grado no son benignos los especialistas alertan de su capacidad para reaparecer y progresar

Los tumores cerebrales de bajo grado no son benignos los especialistas alertan de su capacidad para reaparecer y progresarPixabay

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Con motivo del Día Internacional de los Tumores Cerebrales, que se celebra el 8 de junio, especialistas del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid recuerdan la importancia de no subestimar estas patologías y destacan los avances terapéuticos que están abriendo nuevas perspectivas para los pacientes.

Un crecimiento lento que retrasa los síntomas

Los gliomas de bajo grado suelen afectar a personas de entre 30 y 50 años y forman parte de un grupo de enfermedades poco frecuentes. En conjunto, los tumores localizados en el cerebro y en la región intracraneal representan aproximadamente el 2 % de todos los cánceres, aunque existen más de 120 tipos diferentes. Según explica el coordinador del Servicio de Neurooncología del Hospital 12 de Octubre, Juan Manuel Sepúlveda, el término "benigno" resulta inapropiado cuando se habla de estos tumores. Mientras que otras masas consideradas benignas pueden curarse completamente mediante cirugía, en el cerebro la situación es distinta debido a la dificultad de extirpar todo el tejido tumoral sin dañar estructuras esenciales. Por este motivo, incluso los tumores menos agresivos tienen una elevada tendencia a reproducirse con el paso de los años. A diferencia de los meningiomas, que se desarrollan en las meninges y en la mayoría de los casos pueden extirparse con éxito, los gliomas de bajo grado suelen infiltrarse entre las células sanas del cerebro, dificultando su eliminación completa.

Una de las características de estos tumores es su crecimiento progresivo. Al no destruir inicialmente el tejido cerebral que los rodea, pueden pasar desapercibidos durante largos periodos de tiempo. Las crisis epilépticas constituyen la manifestación más frecuente en las fases iniciales de la enfermedad. Conforme el tumor aumenta de tamaño, pueden aparecer dolores de cabeza persistentes e intensos. Para confirmar el diagnóstico no basta con las pruebas de imagen. Además de la resonancia magnética, es necesario obtener tejido tumoral mediante biopsia o cirugía para analizar sus características biológicas y las posibles alteraciones genéticas presentes. Los especialistas señalan que, en la inmensa mayoría de los casos, no existe una predisposición genética conocida. Tampoco se ha demostrado una relación con factores como el tabaquismo o los traumatismos craneales, por lo que se considera una enfermedad que aparece de forma aleatoria.

La cirugía sigue siendo la herramienta más importante

Los expertos coinciden en que la intervención quirúrgica constituye el paso fundamental en el tratamiento de estos tumores. El objetivo es eliminar la mayor cantidad posible de tejido tumoral sin comprometer funciones cerebrales esenciales. Según el neurocirujano Ángel Pérez Núñez, cuanto más extensa sea la resección obtenida durante la operación, mayores serán las posibilidades de prolongar la supervivencia del paciente. Actualmente, más del 90 % de las intervenciones se realizan de forma segura y con un riesgo reducido de secuelas graves. Sin embargo, la extirpación completa solo es posible en entre el 30 % y el 60 % de los casos. Los especialistas destacan que lograr eliminar más del 70 u 80 % del volumen tumoral tiene un impacto especialmente positivo en la evolución de la enfermedad. A pesar de ello, estos tumores suelen reaparecer con el tiempo, por lo que algunos pacientes deben someterse a segundas o incluso terceras cirugías a lo largo de su vida.

Tras la cirugía, los tratamientos se complementan habitualmente con quimioterapia y radioterapia para intentar mantener la enfermedad controlada durante el mayor tiempo posible. Sin embargo, estos tratamientos pueden generar efectos secundarios importantes, especialmente porque los pacientes suelen encontrarse en plena etapa laboral y personal. En los últimos años ha surgido una nueva estrategia terapéutica dirigida a pacientes cuyos tumores presentan una alteración genética conocida como mutación IDH. Se trata de fármacos inhibidores capaces de bloquear esa mutación específica y frenar la progresión del tumor. Los especialistas describen esta innovación como un avance significativo, ya que permite retrasar la necesidad de recurrir a la quimioterapia y la radioterapia, reduciendo así el riesgo de secuelas asociadas a estos tratamientos convencionales. Aunque la investigación en este campo continúa avanzando, los expertos consideran que estos nuevos medicamentos representan una de las principales esperanzas para mejorar el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes con gliomas de bajo grado.

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