SE LLAMA SIGMOIDOSCOPIA
El cáncer colorrectal puede ser reducido más de 20 años gracias a una prueba mínimamente invasiva a partir de los 50 años
La prevención del cáncer colorrectal vuelve a situarse en el centro del debate sanitario gracias a un estudio que aporta una de las evidencias más sólidas de los últimos años, una sola sigmoidoscopia realizada a partir de los 50 años puede reducir el riesgo de desarrollar este tipo de cáncer durante más de dos décadas.

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La investigación, publicada en The Lancet y liderada por el Hospital Universitario de Oslo, analizó a más de 98.000 personas de entre 50 y 64 años, convirtiéndose en uno de los estudios más amplios y prolongados sobre cribado colorrectal. Los resultados muestran que quienes se sometieron a esta prueba tuvieron un riesgo un 20% menor de padecer cáncer colorrectal y un 27% menos de morir por esta causa.
Avance médico
Los autores resumen la contundencia de los hallazgos afirmando que "una sola sigmoidoscopia a partir de los 50 años reduce durante más de 20 años el riesgo de cáncer colorrectal", una frase que sintetiza el impacto potencial de esta intervención preventiva. La sigmoidoscopia, a diferencia de la colonoscopia completa, examina únicamente la parte inferior del colon, pero aun así permite detectar pólipos y lesiones precancerosas que pueden extirparse en el mismo procedimiento. Esta capacidad de intervenir de forma inmediata es uno de los factores que explican la reducción del riesgo a largo plazo. El estudio también revela que la eficacia de la prueba es especialmente notable en hombres, aunque los beneficios se extienden a toda la población. Los investigadores destacan que "la reducción del riesgo se mantuvo durante más de 20 años", lo que demuestra que incluso una única exploración puede tener un efecto protector prolongado, algo poco habitual en estrategias de cribado que suelen requerir repetición periódica.
El cáncer colorrectal es una enfermedad que suele avanzar de manera silenciosa, sin síntomas evidentes en sus fases iniciales, lo que dificulta su detección precoz. Por ello, los programas de cribado son una herramienta esencial para identificar lesiones antes de que evolucionen hacia un tumor maligno. En España, el cribado poblacional se basa en el test de sangre oculta en heces, que se realiza cada dos años y, en caso de resultado positivo, se completa con una colonoscopia. Sin embargo, los resultados del estudio noruego reabren el debate sobre si la sigmoidoscopia debería considerarse como una alternativa o complemento en determinados grupos de edad, especialmente teniendo en cuenta su capacidad para ofrecer protección a largo plazo con una sola intervención. Los autores subrayan que "los beneficios fueron consistentes independientemente del nivel educativo, el índice de masa corporal o los antecedentes familiares", lo que refuerza la idea de que se trata de una estrategia eficaz en población general, sin necesidad de segmentación compleja.
Reducción significativa
El estudio también pone de manifiesto un problema recurrente en los programas de cribado, la baja participación. A pesar de su eficacia, la adhesión ciudadana sigue siendo insuficiente en muchos países, incluida España, donde apenas ronda el 45%. Los investigadores insisten en que aumentar esta cifra podría traducirse en una reducción significativa de casos y muertes por cáncer colorrectal, ya que la detección precoz es una de las herramientas más poderosas para combatir esta enfermedad. La evidencia acumulada en los últimos años, reforzada ahora por este estudio, apunta a que las pruebas de cribado no solo salvan vidas, sino que también reducen la necesidad de tratamientos agresivos y mejoran la calidad de vida de los pacientes.
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Más allá de los datos, el trabajo noruego invita a reflexionar sobre cómo se diseñan los programas de prevención y qué estrategias pueden resultar más eficaces para aumentar la participación. La simplicidad de una prueba única con beneficios prolongados podría ser un argumento de peso para mejorar la aceptación entre la población, especialmente entre quienes rechazan las pruebas repetidas o más invasivas. En un contexto en el que el cáncer colorrectal sigue siendo uno de los más frecuentes y mortales, la posibilidad de reducir su incidencia con una intervención tan sencilla abre una vía prometedora para reforzar la salud pública.
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