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De la censura a la aceptación: el abrigo de visón regresa sin acritud
Paso de ser una pieza glamurosa a estar totalmente estigmatizada por el uso de piel de animales. Sin embargo, ahora generaciones más jóvenes lucen encantadas piezas que llevan años en el armario de sus madres y abuelas.

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Tras años censurados y estigmatizados, los abrigos de piel de visón, marta, zorro o chinchilla (propios de abuelas y madres) se han convertido en objeto de deseo y figuran como favoritos para combatir el frío entre las generaciones más jóvenes, eso sí, dándoles una vuelta de tuerca.
Estamos en un momento en que los amantes de la moda, celebridades y nuevas generaciones valoran las prendas de piel, tanto nuevas como 'vintage', por ser piezas reutilizables y de larga duración, que suponen una alternativa a la cultura de usar y tirar.
"A los jóvenes les gusta las pieles, han convertido las prendas de pelo en objeto de deseo", explica a EFE la peletera Piedad de Diego, que desde sus orígenes en 1985 ha desarrollado una forma muy personal de entender la piel, combinando artesanía y diseño original y atemporal.
"La piel natural es un material biodegradable con una durabilidad excepcional, entre 50 y 60 años, incluso más, y además se puede transformar, reutilizar y pasar de generación en generación", asegura la peletera que cuenta entre sus clientes con el futbolista Ronaldo y la modelo y empresaria Georgina Rodríguez.
Cuanto más exclusivo y más caro es el producto, "mejor y más rápido se vende", añade Piedad de Diego, que explica que las pieles más buscadas son la marta cibelina y la chinchilla, pieles que proceden el 95 % de granjas controladas de Filandia y se adquieren a través de subastas con certificado de garantía de que esos animales han sido criados en cautividad.
Desde que en 1994, PETA comenzara su activismo contra el asesinado de los animales con la famosa campaña 'Prefiero ir desnuda que con pieles', firmas como Gucci decidieron vetar el uso de piel para preservar su reputación.
A partir de ese momento, muchas empresas del sector textil remplazaron la piel por alternativas sintéticas derivadas de combustibles fósiles "que en ocasiones deterioran el medioambiente, precisamente el hábitat de animales", explica De Diego.
Sin embargo, la piel ha regresado sin acritud, de la manos de los jóvenes. "Saben lo que quieren y son conscientes de que lucir una prenda de piel natural es mucho más ecológico que una sintética, ese pelo artificial es supercontaminante, deja una huella en el medioambiente importante", añade Oscar de Diego, hijo de Piedad, que lleva veinticinco años trabajando en el sector.
"Se vive una moda acunada por la (mala) cultura de usar y tirar, pero por suerte las nuevas generaciones se han dado cuenta de que no hay un plan B para el planeta y buscas en los armarios prendas de calidad, entre ellos abrigos y cazadoras de piel", dice Oscar de Diego.

La piel se luce sin culpa
Y esa piel 'vintage' se luce sin culpa porque es bandera de compromiso con el medio ambiente, una tendencia que ha llevado a muchos a transformar piezas heredadas de madres y abuelas en nuevas prendas con otra vida por delante", añade Piedad de Diego que sobre todo llegan al taller con piezas de visón y zorro.
Es más, esa seguridad y carácter de los jóvenes a la hora de lucir piel ha impulsado que sus madres recuperen los visones, astracanes y zorros "que arrinconaron por impopularidad social y descrédito", cuenta la peletera.
Los chicos y chicas de la generación Z son más atrevidos, quieren prendas con color y con patrones modernos de aire 'casual' que les sirva para el día a día. "El concepto de abrigo de piel para ir a misa los domingos ha desaparecido", apunta Oscar de Diego.
Transformar una pieza requiere oficio, es un trabajo artesanal, que va pasando de generación en generación y no hay mucha gente formada para trabajar la piel. "En los años noventa, la presión de los defensores de los derechos de los animales hizo daño al sector, muchos talleres tuvieron que cerrar y con ello desapreció el saber del oficio", lamenta Piedad de Diego.
Tras años en el destierro, los abrigos de pelo están viviendo un resurgir. "Esperemos que el sector saque músculo y el oficio se refuerce", concluye la peletera. Un artículo de Carmen Martín.
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