PERROS Y BIENESTAR EN LA VEJEZ
Los beneficios de tener un perro para las personas mayores: compañía, salud y una razón para levantarse cada día
La soledad, el sedentarismo y las patologías propias de la edad son algunos de los retos a los que se enfrentan muchas personas mayores. Numerosos estudios coinciden en que convivir con un perro puede ayudar a combatir buena parte de estas situaciones, aportando beneficios físicos, emocionales, sociales y cognitivos. Eso sí, los expertos insisten en que no todos los perros son adecuados para acompañar a una persona de edad avanzada, por lo que conviene valorar bien la raza, el carácter y las necesidades del animal antes de dar el paso.

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Es uno de los beneficios mejor documentados. Un perro proporciona compañía diaria, contacto afectivo, rutinas y la sensación de sentirse acompañado incluso viviendo solo, lo que ayuda a disminuir el aislamiento social. Las personas mayores suelen estar más expuestas a la soledad, ya sea por haber enviudado, por vivir lejos de sus familiares o por la reducción de su vida social, situaciones que pueden derivar en aislamiento y depresión. Contar con la compañía y la fidelidad constante de un perro puede mejorar notablemente su estado de ánimo, ayudando a combatir el estrés y la tristeza. Varios expertos destacan que este vínculo puede aportar seguridad emocional y mejorar el bienestar general, especialmente cuando la relación con el animal es positiva.
Una razón para moverse cada día
Un perro necesita salir a pasear, y eso obliga a su propietario a caminar más, permanecer menos tiempo sentado, mantener la movilidad y ejercitar músculos y articulaciones. Esta actividad física diaria ayuda a prevenir la pérdida de masa muscular, la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión y la osteoporosis, además de mejorar la capacidad pulmonar y liberar endorfinas, lo que se traduce en una mayor sensación de relajación y felicidad. Diversas revisiones asocian la tenencia de perros con un mayor nivel de actividad física, y algunos estudios relacionan además esta compañía con una menor presión arterial, niveles más bajos de colesterol y triglicéridos, e incluso una mejor recuperación tras un infarto.
Bienestar emocional y menos estrés
Acariciar a un perro tiene efectos medibles en el organismo: se produce un aumento de oxitocina y una reducción del cortisol, la hormona del estrés, lo que genera relajación y sensación de calma. Por este motivo existen terapias asistidas con perros en hospitales y residencias. Además, la presencia constante de un perro puede contribuir a reducir síntomas de ansiedad, tristeza y estrés postraumático, aunque los especialistas recuerdan que en ningún caso sustituye a la medicación o la psicoterapia cuando son necesarias. Su compañía también puede favorecer un descanso nocturno de mejor calidad, al reducir la ansiedad y establecer rutinas de actividad física.
Autoestima, propósito y socialización
Cuidar de un perro implica una responsabilidad que aporta a las personas mayores la sensación de ser útiles, algo especialmente valioso tras la jubilación, cuando disminuyen las obligaciones laborales y, en ocasiones, los contactos sociales. Muchas personas mayores aseguran que su perro les da "un motivo para levantarse", lo que aumenta su autoestima y su percepción de utilidad. Además, los paseos diarios favorecen la socialización: los propietarios conocen a vecinos, a otros dueños de mascotas y a personas del barrio, generando conversaciones espontáneas que ayudan a combatir el aislamiento.
Estimulación cognitiva y beneficios en la demencia
Recordar horarios, la medicación del perro, los paseos, las visitas al veterinario o su alimentación mantiene activas funciones cognitivas relacionadas con la planificación y la memoria. Aunque esto no previene por sí solo enfermedades neurodegenerativas, sí puede formar parte de un estilo de vida cognitivamente más activo. De hecho, en residencias donde se utilizan perros entrenados en terapias asistidas se han observado mejoras como una mayor participación en actividades, una reducción de la apatía, mejor comunicación, menos aislamiento y más interacción entre los residentes.
Perros y gatos: ¿qué mascota elegir?
A la hora de escoger una mascota para una persona mayor, la decisión debe basarse en sus gustos, hábitos y capacidades físicas, y se recomienda contar con el asesoramiento de un experto y la opinión del médico habitual. Los gatos suelen recomendarse para personas con problemas de movilidad o discapacidad, ya que son más independientes y requieren menos cuidados que un perro; su ronroneo, además, ayuda a bajar las pulsaciones aceleradas, incrementa la densidad ósea y reduce el dolor muscular y articular. Los perros, por su parte, incentivan más el envejecimiento activo al requerir paseos diarios, aunque llevan más cuidado, por lo que conviene elegir bien la raza.
Cómo elegir el perro adecuado
Los expertos recomiendan optar por perros obedientes, sociables, dóciles, tranquilos, fáciles de adiestrar y con una necesidad de actividad moderada, de tamaño pequeño o mediano y sin mucha demanda de limpieza. También se aconseja valorar la edad del animal: los cachorros exigen mucha energía y dedicación para su educación, por lo que suele ser preferible adoptar un perro adulto, de entre tres y cinco años, ya educado y de carácter más calmado. Entre las razas más recomendadas para personas mayores se encuentran el carlino, el golden retriever, el caniche, el labrador, el pomerania, el yorkshire terrier, el cocker, el bulldog francés, el chihuahua, el boston terrier, el schnauzer, el bichón frisé y el bichón maltés, entre otras. Igualmente importante es que el propietario pueda afrontar la responsabilidad de cuidar a un ser vivo, con los gastos de alimentación, veterinario y seguro que ello conlleva, y contar con apoyo familiar en caso de enfermedad.
Perros de terapia y de asistencia
Cuando la persona mayor no dispone de los recursos o el estado físico necesarios para convivir con un perro en el día a día, puede beneficiarse igualmente de estos animales a través de perros de terapia en sesiones de intervención o de perros de asistencia, entrenados específicamente para ayudar a personas con discapacidad física, visual o auditiva, o para asistir en situaciones de emergencia relacionadas con enfermedades como la diabetes o la epilepsia. Estos perros destacan por su gran capacidad de aprendizaje, su escasa agresividad y su buena reacción ante sonidos y señales, y su adiestramiento suele durar entre 8 y 10 meses, aunque en ocasiones puede prolongarse hasta dos años.
No todo son ventajas
Antes de adoptar un perro conviene valorar la capacidad física para pasearlo, el coste de su alimentación y atención veterinaria, el tiempo disponible, el apoyo familiar en caso de enfermedad, y el tamaño y nivel de energía del animal. Los expertos recomiendan elegir siempre un perro que se adapte al estilo de vida de la persona mayor, priorizando un carácter tranquilo y unas necesidades de ejercicio acordes con sus capacidades, para que la mascota suponga un estímulo y no una carga añadida en su día a día.
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