EN PLAZA NUEVA
Bailar para ganar vida: la receta de un grupo de mayores en Granada contra la soledad
En el corazón de Granada, un grupo de mayores ha convertido el baile en mucho más que ocio. Su historia mezcla salud, comunidad y emoción, conquistando a todo el que pasa por allí.

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Cada fin de semana, un grupo de granadinos de entre 60 y 84 años transforma la céntrica Plaza Nueva de esta capital en una pista de baile donde, rodeados de decenas de curiosos, la música y el movimiento se han convertido en la mejor receta para combatir la soledad y los achaques.
"Si no bailo prefiero morirme", cuenta Paco Lozano a EFE en esta plaza a los pies de la Alhambra mientras sus compañeros se preparan. Lleva medio siglo bailando y dice que le hace sentirse mejor, fuerte y ágil porque lo suyo es "la pasión" y la música.
Las campanas de la Torre de la Vela acaban de marcar las seis de la tarde y los altavoces ya están listos. Comienza a sonar la icónica banda sonora de 'Siete novias para siete hermanos' (1954) y este bailarín de 73 años se une a sus compañeros, que comienzan a girar con elegancia formando un conjunto de unas ocho parejas.
Entre el público -turistas, vecinos y viandantes de todas las edades- está Carmen Tortosa, la directora del documental 'Plaza Nueva a las diez'. Cuando, entre giro y giro, la descubren, la saludan con gestos de cariño.
De la plaza a la gran pantalla
Tortosa explica a EFE que su cinta, que se estrena el 19 de marzo en el Cine Madrigal de Granada, es un documental observacional y poético que muestra la pasión que une a este grupo de bailarines.
La cineasta los descubrió paseando por la ciudad de la Alhambra a finales de 2022. "Me pareció un momento mágico en el cual vi a un grupo de personas disfrutando, con muchísima gente mirándolos, transmitiendo una energía muy bonita. Yo creo que quien pasa por aquí se plantea quiénes son esos seres mágicos que nos alegran la tarde", cuenta.
Poco después les propuso llevarlos a la gran pantalla. Aunque al principio se mostraron algo reticentes, pronto empezaron a colaborar en todo.
"El rodaje se basa en lo que ellos hacen normalmente, pero para que salga con la mayor naturalidad tiene que ser con una confianza total, que hay que ganar poco a poco. Ellos son encantadores y lo han facilitado mucho", asegura antes de recordar el emotivo aplauso de cinco minutos que recibieron, con el público en pie, cuando estrenaron el documental en el Festival de Sevilla el pasado noviembre.
Un antídoto contra las enfermedades
Entre los danzarines está Antonio Castillo, que gestiona junto a su pareja el grupo de WhatsApp en el que se coordinan.
Este granadino de 80 años relata a EFE que antes de jubilarse padecía un problema de espalda serio, pero que desde que aprendió a bailar, apenas ha vuelto a tener dolor.
Mientras vuelve con sus compañeros y retoma los pasos de 'El último mohicano' en versión cumbia, uno de los bailarines más jóvenes sale de la pista.
Es José Luis Urbano, un enfermero que conoce bien que los beneficios del baile van mucho más allá del entretenimiento. Por eso creó hace tres años un taller de baile para pacientes del Hospital Clínico San Cecilio.
"Más allá de lo físico, se ha demostrado científicamente que una sucesión de coreografías que vas hilvanando con tu pareja o en línea supone una estructuración importante que, si no protege, por lo menos retrasa los problemas cognitivos", afirma.
Añade que la práctica regular de la danza ayuda a mantener la coordinación y la fuerza muscular.
Destaca, además, el valor de las relaciones sociales que se crean en torno a la pista: compartir pasos, miradas y ritmo con otros acaba tejiendo una red de apoyo que combate la soledad y refuerza el bienestar emocional.
Bailar por la vida
Un ejemplo de ello es Vicky Arenas. Elegantemente vestida de negro y con una flor roja en el pecho, alza los brazos y baila sola en el centro de la plaza, sonriendo y atrayendo muchas de las miradas.
Durante años no bailó sola. Vicky y su marido fueron una de las parejas que fundaron esta comunidad, pero hace dos años y diez meses él falleció tras medio siglo de matrimonio.
"La vida se me partió. Éramos pareja en la vida y en el baile y bailábamos muy bien", recuerda. Aun así decidió volver.
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"Me dije: 'Tengo que seguir, por mí, por él y por todos'. El primer día me costó mucho, pero he vuelto a bailar. Sola y a veces con amigos, pero bailo. Y sigo viviendo", dice antes de regresar al grupo. La música sigue sonando en la plaza y Vicky vuelve a alzar los brazos mientras las parejas giran a su alrededor.
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