MÚSICA

Eric Clapton, a sus 81 años en Madrid: rápido a la guitarra y en tiempo de concierto

Tras más de 20 años sin tocar en España, el músico acabo su concierto abruptamente y no llego a tocar el bis que había previsto.

Eric Clapton

Eric ClaptonAgencia EFE

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Más de dos décadas hacía que Eric Clapton, autor de composiciones emblemáticas como Layla o Tears in Heaven, no actuaba en España, una ausencia a la que a sus 81 años (y tras más de 60 como una de las figuras más emblemáticas de la historia del rock y del blues) ha puesto fin esta noche en Madrid.

De la expectación ha dado cuenta el aforo del Movistar Arena, agotado en su capacidad para más de 15.000 personas, muchas de ellas deseosas de atestiguar por primera vez que su apodo de "mano lenta" en efecto contrasta con sus altísimas dotes como guitarrista, habiéndose consagrado como uno de los intérpretes más ágiles y como un revolucionario de su versión eléctrica.

Decir que mantiene el tipo con dignidad en ese campo sería un odioso eufemismo y probablemente injusto, como han insistido en subrayar los primerísimos planos que lo han acompañado al rasgar en muchos momentos su Fender Stratocaster (esa que bautizaron en la marca con su propio nombre).

Fulgurante no es solo su manera de tocar (aún), también lo ha sido la duración del concierto, poco más de 80 minutos y apenas 13 cortes. Deberían haber sido 14, pero el músico ha prescindido del bis con Before You Accuse Me para sorpresa de todos, una eventualidad que la promotora no ha llegado a explicar a EFE.

Llegado de Praga y antes de poner rumbo al Palau Sant Jordi de Barcelona para interpretar allí su segundo concierto en el país el próximo 10 de mayo, el británico ha saltado al escenario unos minutos antes incluso de la hora prevista.

Como estipulaba el guion lo ha hecho con Badge, coescrito junto a George Harrison durante su psicodélico tiempo con Cream, que fue una de las tres etapas de su carrera que le valieron ser distinguido igual número de veces como digno miembro del Salón de la Fama del Rock And Roll.

El repertorio, aunque exiguo, ha sido estratégicamente diseñado para atender casi todas sus épocas con la salvedad de sus inicios con The Yardbirds, de manera que no han dejado de sonar temas propios ya fuesen en solitario (Tears in Heaven) o como miembro de Derek & The Dominoes (Layla) ni versiones de otros que él ha hecho crecer con sus icónicas interpretaciones (véase Cocaine).

Todo el "blues" que lleva dentro ha brotado pronto con Key to the Highway, el tema de Charles Segar que grabó junto a B.B. King en el cambio de este siglo, desplegando un sonido redondo y envolvente junto a su banda después con I'm Your Hoochie Coochie Man, otro tema ajeno que tocó igualmente Muddy Waters y que lleva en su repertorio toda la vida.

Abrupto final

Con el pelo plateado, como la montura de sus icónicas gafas, elegante en un sencillo traje y bien plantado sobre el escenario, ha empezado a desenredar notas que, al romper, el público ha reconocido entusiasmado como I Shot The Sheriff, el tema de The Wailers con el que ha desplegado su lado "reggae" y un solo de guitarra largo que le ha valido el primer gran aplauso.

Momento entonces del segmento acústico, que ha arrancado completamente a solas y sentado para interpretar Kind Hearted Woman Blues, uno de los tres temas de Robert Johnson que ha tocado esta noche, este incluido en su disco Me And Mr. Johnson (2004).

De vuelta el resto de la banda han desfilado Nobody Knows You When You're Down and Out, de Jimmy Cox y presente en su directo desde los 70, y Golden Ring, uno de sus temas del álbum Backless (1978), creando un tramo reposado con el colchón del contrabajo.

Cuando Layla ha comenzado a sonar y su melodía a definirse, el murmullo se ha hecho más y más notable y los móviles han aflorado. No ha sido en la versión eléctrica, sino la que repopularizó tiempo después en uno de sus discos más memorables, Unplugged (1992), como ha sucedido después con Tears in heaven, el emocionante tema para su hijo Conor, fallecido con solo 4 años en un terrible accidente.

Suspiro y necesaria pausa. La banda ha procedido a enchufar de nuevo los instrumentos, primero para tocar una Holy Mother que ha sonado esperanzadora. Para entonces se rozaba ya la hora de concierto y al repertorio le quedaba poco más que otros dos temas de Robert Johnson, primero 'Cross Road Blues' y, sobre todo después, Little Queen of Spades.

Clapton, que hasta entonces había sostenido el peso y protagonismo del concierto, ha dejado mayor espacio al lucimiento de sus músicos, especialmente del guitarrista Doyle Bramhall II, de Chris Stainton a los teclados y Tim Carmon al órgano Hammond, todos junto a la batería de Sonny Emory, el bajo de Nathan East y las coristas Sharon White y Katie Kissoon.

Había tiempo para explayarse, para regodearse, y el corte se ha ido más allá de los 10 minutos de duración entre el deleite de los músicos y de los asistentes, que han visto después cómo la operación se repetía para alcanzar el clímax de la velada con otros casi 10 minutos de 'Cocaine', el clásico de J.J. Cale que muchos piensan que es suyo.

Aún quedaban los bises, que quizás hubiesen redondeado el tanteo final hasta la duración más estándar de 90 minutos, pero las luces se han encendido y el equipo ha empezado a recoger.

Algunas personas decían haber visto poco antes un vinilo volar hasta el escenario que casi impacta contra uno de los músicos. La promotora, sin embargo, no ha confirmado este extremo ni si ha sido la razón del súbito fin del concierto, quizás el último de Clapton en Madrid y que ha concluido con menos fanfarria de la que merecía. Un artículo de Javier Herrero.

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